VIAJE A ANDALUCÍA: PUEBLOS
BLANCOS Y CÓRDOBA
SEMANA SANTA 2019
Salimos al terminar de dar clase, a mediodía. Este viaje iba a ser diferente, fui con unos amigos. A uno de ellos le habían dejado un apartamento en la playa. Estaba en Chiclana, el viaje se realizó sin problemas llegando al atardecer (si tuvimos dificultades para encontrarlo), nos instalamos, dimos una vuelta por la zona, cenamos y regresamos, sin perder mucho tiempo, al apartamento para organizarlo y descansar.
Día 2. Chiclana – Zahara
de la Sierra – Grazalema – Ubrique – Arcos de la Frontera.
Nos levantamos temprano, dimos un paseo por los alrededores para ver un poco la playa y marchamos para la ruta del día que era bastante completa.
Tras un trayecto bastante
largo llegamos a uno de los pueblos blancos, Zahara de la Sierra, que
aparecía en lo alto divisándose muchos kilómetros antes. Este pueblo de unos
2000 habitantes se extiende bajo
la peña donde se encuentra su castillo. Una fortaleza en la que se produjo el
histórico encuentro en el rey cristiano Alfonso X el Sabio y Aben Yusef, en el
que el rey cristiano pidió ayuda al rey andalusí para luchar contra su hijo
Sancho IV.
Estamos en plena Sierra de Grazalema, justo antes de entrar en el pueblo hay un mirador espectacular, donde se aprecia el paisaje montañoso que nos rodea, así como el embalse de Zahara-el Gastor, con unas aguas de azul brillante.
El pueblo es muy bonito, con callejuelas encajadas, fachadas de color blanco y bastante floreadas. Destacan monumentos como la iglesia de Santa María de la Mesa, de estilo barroco, construida entre los siglos XVII y XVIII, edificada sobre la antigua ermita de San Francisco. Destaca el retablo mayor de su interior, realizado en madera tallada, además de contar con una gran cantidad de ornamentos dorados, elementos y figuras decorativas.
La Capilla de San Juan de Letrán es una pequeña iglesia construida en 1958 sobre una antigua ermita del mismo nombre. Consta de una sola y amplia nave, con una portada a base de un gran arco de medio punto coronado por tres espadañas que resguardan a tres campanas fundidas el mismo año de su construccción.
De allí nos marchamos a Grazalema, en pleno
corazón de la sierra que lleva su nombre. Este pueblo de unos 2000 habitantes
(como Zahara) cuenta con un microclima especial, que le hace ser el punto de
España que más precipitaciones recibe (incluso más que cualquier punto de Galicia).
En su casco histórico se mezclan a la perfección
la arquitectura popular con la riqueza monumental. Dentro de esta, destaca la
Iglesia Nuestra Señora de la Aurora, iglesia barroca del siglo XVII que sobresale por la sencillez de su fachada con influencias renacentistas, también con tres
espadañas.
La Parroquia Nuestra Señora de la Encarnación
es otra de las joyas arquitectónicas que podemos encontrar. Construida a
inicios del siglo XVII, de origen mudéjar, modificada en el siglo XVIII tras los ataques franceses
durante la Guerra de la Independencia., para posteriormente verse dañada
durante la Guerra Civil. Actualmente, de su primera arquitectura solo se
conserva una pequeña capilla. En un primer momento estuvo dedicada a San
Atanasio, pero tras una epidemia de cólera modificó su nombre por el de Nuestra
Señora de la Encarnación.
Cerca del
ayuntamiento se encuentra la Fuente de Plaza España. Probablemente de época
visigoda, es una fuente rectangular con dos pilas y cuatro caños (tres caños de
broce y un grifo). Cada caño surge de una especie de cara elaborada en piedra. Bastante curioso.
Grazalema cuenta con un rico pasado histórico, sobre todo en el siglo XIX, donde la orografía del terreno hacía que fuera tierra de bandoleros, como “El tempranillo”, que fue uno de los que anduvo por estos lares. También es zona de tradiciones como el toro de cuerda, uno de los más antiguos de España y que se hace al modo tradicional, con un toro atado a una cuerda recorriendo toda la localidad. Se celebra el lunes posterior al 16 de julio y es el orgullo de toda la población.
De Grazalema nos fuimos a Ubrique, pueblo de bastante mayor tamaño, tiene unos 16.000 habitantes. De origen romano, sobre todo es conocido por su industria artesanal peletera.
El centro histórico presenta calles angostas, empedradas, con preciosos lugares, bellas plazas y monumentos. Entre ellos destaca la Ermita de San Antonio, la más antigua de Ubrique, que data del siglo XVI. Se compone de una sola nave, con un exterior con una sola espadaña. En su interior sobresale la imagen de San Antonio de Padua en el Retablo Mayor. La zona exterior de la ermita cuenta con un bonito mirador.
La iglesia de San Juan Letrán, es un edificio curioso, del siglo XIX, con planta octogonal, cuenta con una fachada con cuatro pilastras jónicas. Actualmente alberga el Centro de Interpretación de la historia de Ubrique.
El Ayuntamiento se
encuentra situado en uno de los extremos de la plaza del mismo nombre. Es un
monumento civil por el que se accede a través de una escalinata semicircular de
piedra caliza rosácea. Su fachada es una mezcla de estilos debido a las diferentes
restauraciones que ha sufrido, predominando una línea clásica.
Así, tras abandonar Ubrique y no sin antes visitar algunas de sus tiendas, nos fuimos al último pueblo del día, Arcos de
la Frontera, que se localiza a la entrada de la sierra de Grazalema, con 31.000
habitantes es uno de los de mayor tamaño de la zona. Se le considera como uno de los
pueblos más bellos de España, pero debido al cansancio no lo vimos como se
debiera. Fue fundado por los romanos, cobró importancia con los musulmanes
(capital del Reino de Taifas de Arcos), pero será con la reconquista cuando
mayor crecimiento e importancia adquiera.
Nos dedicamos a dar un breve paseo por las calles, calles empinadas, estrechas, con influencias musulmanas y cristianas. Nos encontramos con la Puerta Matrera, del siglo XVI, que sustituyó a la original que servía de entrada a la ciudad medieval. Es la única que se conserva de la antigua muralla musulmana. En el interior del arco podemos ver la imagen de la Virgen del Pilar.
Después de disfrutar de ese agradable paseo (no puse mucho empeño en ver
todo lo que la ciudad nos ofrece porque volveríamos a Arcos en este viaje)
regresamos a Chiclana, nos fuimos a cenar a un restaurante cercano y a dormir.
Día 3. Chiclana – Ronda –
Júzcar - Setenil
En el segundo día de
visita por los pueblos blancos hoy tocaba un recorrido que nos llevaba hasta la
provincia de Málaga para ver sobre todo Ronda.
Como no salíamos muy
temprano, aproveché para correr por la playa a primera hora de la mañana, toda
una delicia hacer unos cuantos kilómetros a orillas del mar.
Así, partimos para Ronda,
población de unos 35.000 habitantes. Se encuentra enclavado en plena Serranía
de Ronda y dentro de una depresión. Su enclave estratégico hizo que dejarán
huellas civilizaciones antiguas como fenicios, romanos, musulmanes y
cristianos. Lo que más llama la atención es que la población se divide en dos
partes, separadas por el río Guadalevín, que ha ido erosionando el terreno
hasta formar el conocido como El Tajo de Ronda, una profunda garganta
que separa las dos zonas de la ciudad. Para unirlas se construyeron diferentes
puentes, aunque hay uno que sobresale: el Puente Nuevo, creado en la
segunda mitad del siglo XVIII, pone en contacto el Barrio del mercadillo con el
casco antiguo. Esta imponente construcción de sillares de piedra que se eleva a
más de 100 metros sobre el tajo destaca sobremanera. En su interior se puede
visitar lo que fue una prisión en el siglo XVIII. Además, hay diversos
miradores desde donde puedes obtener espectaculares imágenes del puente.
Otro monumento a destacar es la Plaza de toros
de Ronda, bastante peculiar, al ser la primera plaza de toros de España y que
alberga en su interior un museo. En los aledaños podemos ver una estatua del
torero “El Niño de la Palma” y un monumento al toro de lidia.
Paseando por el casco histórico nos podemos
encontrar con el Museo del Bandolero, porque esta zona era cuna de
bandoleros, que aprovechaban la orografía del terreno para mantenerse a salvo. También se
pueden apreciar restos de la antigua muralla musulmana, destacando la puerta
de Almocabar, una de las que daba acceso a la ciudad y de las únicas que se
conserva.
El Palacio de Mondragón, conocido también
como el Palacio del Marqués de Mirasierra, combina elementos arquitectónicos
mudéjares, góticos, renacentistas y barrocos. Actualmente alberga el Museo
Municipal de Ronda y su interior es de admirar por los tres patios que tiene.
La Casa del Rey Moro, se compone de tres elementos: una casa neomudéjar del siglo XVIII (el
interior no puede visitarse), una mina de captación de agua de época
musulmana y unos preciosos jardines aterrazados. Desde el jardín, unas escaleras
nos conectan con el río Guadalevín.
La iglesia Santa María la Mayor, iglesia gótica del siglo XIV, construida sobre una antigua mezquita, aún conserva el mihrab. Destacan elementos de épocas posteriores, como el coro renacentista o el retablo barroco con la imagen de la Virgen del Mayor Dolor.
La iglesia-convento de la Merced conserva la la iglesia
y el huerto de la primera construcción, en el siglo XVI. Cuenta con tres naves
y destaca en su interior el relicario de plata dorada con incrustaciones de
piedras preciosas que contiene la mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús.
En el paseo por Ronda también podemos encontrarnos
como varios miradores que daban una panorámica estupenda de toda la zona, especialmente
de la serranía.
De esta forma, tras comer, terminamos la visita a uno de los pueblos más bonitos de la zona sin ningún lugar
de dudas. Marchamos por una carretera bastante sinuosa, por una zona de media
montaña, para visitar Júzcar, conocido como el pueblo de los pitufos. Se
le conoce así desde que en el año 2011 debido a la promoción de esa película
pintaron todo el pueblo de azul y luego sus habitantes decidieron mantener ese
color en las fachadas, haciendo bastante peculiar a esta localidad.
Dejamos a Gargamel y compañía para visitar la última localidad pueblo del día, Setenil de las Bodegas, un pueblo espectacular, ya que el origen de este asentamiento tuvo lugar en cuevas
que, con el paso del tiempo, acabaron convirtiéndose en casas, con parte de las
estancias exteriores y otras subterráneas.
Aunque en algunas de las cuevas se han encontrado
restos de presencia que datan más de 5.000 años, no será hasta la época medieval
cuando se pueda considerar este asentamiento como permanente. De época almohade
queda el castillo, luego tras la repoblación cristiana adquirió gran
importancia, incluso llegó a tener un hospital. Actualmente su población es de
unos 2.700 habitantes. Las calles se distribuyen concéntricas al río Guadalporcún, pero lo que más llama la atención es la arquitectura popular, y sobre todo por la singularidad de sus casas,
pasear por estas calles como la Calle Cuevas de la Sombra y la Calle Cuevas del Sol es como adentrarnos en un mudo entre lo real y lo fantástico o
como decía Gerardo Diego: “Setenil de las
Bodegas, donde el cielo es de Roca, y el silencio de sueño de piqueta”. Además, en Setenil podemos ver
otros monumentos como el castillo y torreón almohade que formaron parte
de la antigua fortaleza, un aljibe, la ermita de San Sebastián o la iglesia de
Nuestra Señora de la Encarnación.
De esta forma terminaba la ruta por estos tres pueblos, dos de la provincia de Málaga y el último de Cádiz. Regresamos bastante tarde, con el tiempo para cenar e irse a descansar.
Día 4. Chiclana – Zahara
de los Atunes – Caños de Meca – Vejer de la Frontera
No madrugaamos mucho, nos tomamos las cosas con tranquilidad para ir a la zona más de costa o playa. El recorrido de hoy sería bastante más
corto que los días anteriores. Comenzamos en Zahara de los Atunes,
pequeña población que apenas supera los 1.000 habitantes, dependiente de
Barbate. El pueblo vive del turismo y de la pesca. Su centro histórico es
pequeño, pero con el encanto de las casas encaladas que no superan las dos
alturas. No hay muchos monumentos a destacar, solo la iglesia del Carmen, del
siglo XVI, y el Palacio de los duques de Medina Sidonia, también llamado el
Palacio de las Pilas o simplemente El Palacio. Se trata de una construcción de
planta cuadrada, cuatro torres y muros de gran altura, porque fue un castillo
que sirvió como fortaleza defensiva para proteger la almadraba de la villa en
el siglo XVI.
Paseamos por el pueblo,
notándose que es zona más turística, abundaban las tiendas de souvenirs o ropa,
porque es el turismo su principal motor, así en verano llegan a multiplicar por
diez su población. Luego nos fuimos a disfrutar un poco de sus playas, amplias
y extensas, dando un paseo sin más, porque ni el tiempo era tan bueno como para
bañarse, ni íbamos equipados para pasear por la playa.
Sin más, nos fuimos a Los
Caños de Meca, pequeña población que no llega a los 300 habitantes, que vive
por y para el turismo (desde hace más de 40 años ha sido lugar de asentamiento de personas bohemias o
hippies). Cuenta con bastantes establecimientos hosteleros, aprovechando para
comer en uno de ellos de manera excepcional. Paseamos por sus extensas playas,
se podía observar el faro de Trafalgar, con 34 metros de altura ha sido testigo
directo de muchas historias como la famosa Batalla de Trafalgar de 1.805.
Tras estar relajadamente, marchamos a Vejer de la Frontera, que apenas se separan en 16 kilómetros de los Caños. Cuenta con unos 12.000 habitantes, siendo considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Ubicado en un cerro de unos 200 metros, tiene un importante legado histórico de época fenicia, cartaginesa, romana y musulmana. Por ello, el centro histórico se concentra en el recinto amurallado, conservándose bastante bien varias torres y las cuatro puertas que daban acceso a la villa. El castillo se sitúa en la parte más elevada de la población (combina elementos musulmanes y cristianos), destacando el arco de herradura que hay en su entrada.
Dar un paseo por estas calles estrechas es todo un placer, pudiendo ver diversos monumentos como la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, construida sobre una antigua mezquita, consta de tres naves, planta basilical, con dos partes diferenciadas, del siglo XIV, la cabecera gótico-mudéjar y en el siglo XVI una ampliación de estilo gótico tardío. En su interior sobresale el retablo del altar mayor.
El Convento de las Monjas
Concepcionistas,
es un edificio renacentista del siglo XVI, que para evitar que cediera tras el
terremoto de Lisboa se construyeron cuatro contrafuertes, originando una de las
calles más famosas de la población: El Arco de las Monjas.
La Casa del Mayorazgo es una construcción barroca del siglo XVIII, casa solariega que tiene dos patios, a través de los que se comunica con la Torre del Mayorazgo y con la muralla. El Palacio del Marqués de Tamarón, del siglo XVIII, actualmente alberga el Museo de Vejer.
Pero no solo hay monumentos, sino también se puede disfrutar de las hermosas vistas que nos proporcionan
algunos de los miradores que existen. Además, el cielo estaba
emborregado lo que hizo de las fotografías verdaderas postales.
Después de todo el recorrido que hicimos nos sentamos en una terraza, tomamos algo y nos fuimos de regreso a Chiclana.
Día 5. Chiclana – Arcos de
la Frontera - Córdoba.
Último día en Chiclana, la marcha fue algo precipitada, sin embargo, aproveché para salir a correr de nuevo por la playa y al volver ya estaban
esperándome para dejar limpio todo e irse. El grupo se dividió, una parte se
fue de regreso a casa y nosotros nos fuimos a Córdoba, donde teníamos reservadas
dos noches (en principio solo era una).
De camino a Córdoba nos detuvimos en Arcos de la Frontera a visitar un familiar a su casa. Estaba en las afueras, se trataba de una casa que me recordaba a la de mi niñez, con el zaguán o las gallinas en el patio. Nos llevó a comer a un lugar estupendo, cerca del embalse, con unas vistas fantásticas.
Tras la comida nos fuimos a ver Arcos de la Frontera, para pasear tranquilamente por sus callejuelas, calles empinadas como la Calle de la Cuesta o admirando los importantes monumentos que hay, como la Basílica de Santa María de la Asunción, construida sobre una antigua mezquita, tiene múltiples influencias: renacentistas, barrocas o neoclásicas. Destaca la torre de planta cuadrada con tres partes: portada, balcón y campanario. De su interior sobresale el retablo mayor, el órgano y el coro.Desde la plaza se puede apreciar el castillo de Arcos. Seguimos caminando para dirigirnos a la calle Maldonado, en la que se emplaza un belén realmente llamativo que funciona durante todo el año. Es como una especie de cueva con una enorme cantidad de figuras, efectos, … toda una sorpresa.
El Callejón de las Monjas donde se encuentra el Convento de la Encarnación, con una bonita portada plateresca, antes de convento fue en el siglo XV templo, hospital y cofradía.
El Palacio del Mayorazgo, del siglo XVII, con una portada principal de estilo herreriano, actualmente el edificio es la sede de la Delegación Municipal de Cultura.
La iglesia de San Pedro se localiza junto al Jardín Andalusí (otra de las joyas de la ciudad). La iglesia data del siglo XVI, construida sobre una fortaleza, probablemente almohade. Destaca la fachada principal de estilo barroco del siglo XVIII.
De este modo, dejamos Arcos de la Frontera con la sensación de haber visto mucho y bonito.
Nos dirigimos a Córdoba, que distaba unos 200 kilómetros. Cuando llegamos casi
al atardecer nos encontramos que era imposible llegar al centro (donde teníamos
el alojamiento) porque estaba todo cortado por culpa de las procesiones. Tras
intentarlo sin éxito, se decidió dejar el coche a las afueras (en los
aparcamientos del Estadio del Nuevo Arcángel), llamamos un taxi y nos llevó
hasta el hotel. Estaba en pleno centro de la ciudad, así, después de
instalarnos salimos a dar una vuelta por la zona, aunque todo estaba
condicionado por las procesiones, con una cantidad de gente impresionante. Paseamos
por Córdoba de noche que fue todo un placer, sobre todo por donde no psaban las procesiones porque había muy poca gente.
Día 6. Córdoba.
El día salió magnífico para visitar la ciudad. Pasearíamos por la ciudad por la mañana aprovechando que no había procesiones. Estábamos a escasos cinco minutos de la Mezquita, así fuimos a contemplar el patio o shan (teníamos concertada la visita para el siguiente día). Es toda una delicia poder sentarse en el Patio de los Naranjos, que es el patio más antiguo y grande de la ciudad, en cuyo centro estaba la fuente o sabil para limpiarse antes de acceder a la mezquita. Por fuera, la Puerta del Postigo de Palacio, en el muro occidental, también se conoce como puerta de San Pedro, por la cercanía de la capilla con ese nombre.
Desde aquí se puede observar el Triunfo de San Rafael (un triunfo es la representación de una imagen como devoción popular). Hay varios de ellos por la ciudad, pero el más llamativo es este que se sitúa cerca a la puerta del Puente, realizado en el siglo XVIII. La columna que sostiene al arcángel sale de unas rocas con forma de cuevas. Es la representación del inframundo, contraponiendo lo terrenal con lo celestial. La Puerta del Puente, inicialmente formaban parte de las murallas de la ciudad, fue conocida como la Puerta de Algeciras. En el siglo XVI tuvo un importante cambio por la visita a la ciudad de Felipe II y ya en el siglo XX se terminó de remodelar, separándola de las construcciones cercanas.
Pasamos por
el Puente Romano, construido en el siglo I a. C., es considerado uno de los símbolos
de la ciudad, aunque ha tenido una serie de remodelaciones, siendo la más
reciente de 1.876. Cuenta con 16 arcos, cuatro apuntados y el resto de medio
punto. En el centro podemos encontrar la escultura de San Rafael del siglo XVI.
Seguimos nuestro trayecto por la Plaza de las Tendillas, en la que destaca su fuente coronada por la escultura ecuestre del Gran Capitán (Gonzalo Fernández de Córdoba). En pleno centro de la ciudad está la iglesia de San Miguel, de estilo gótico con remodelaciones barrocas. Destaca el rosetón de la portada. Su interior dividido en tres naves por pilares, con un bonito retablo, así como tallas y lienzos barrocos.
Pasamos por
la casa natal del torero Manolete, para llegar a la Plaza de los Capuchinos,
en el que podemos encontrar la iglesia y el Convento de Santo Ángel
(fundado por los padres capuchinos en el siglo XVII) y el Cristo de los
Faroles (una de las imágenes icónicas de la ciudad, que debe su nombre a
los faroles de hierro que acompañan a Cristo crucificado).
La Plaza de Fuenseca o la iglesia de San Pablo (construida entre los siglos XIII y XIV, destacando la portada) fueron otros monumentos que vimos.
Así, lo moderno y lo antiguo están muy presestes en la ciudad, en pocos metros encontramos la modernidad del Ayuntamiento de Córdoba y la antigüedad del único templo romano que nos ha llegado. Aquí se situaría el foro, en el que habría también un circo. El templo del siglo I a.C. está elevado sobre un podium, es de estilo corintio, sexástilo y peristilo. En frente de él se situaría un altar de grandes proporciones.
La iglesia de San Francisco y San Eulogio es un templo católico de Córdoba, España que pertenece a las denominadas iglesias fernandinas (de las que hay muchos ejemplos en la ciudad), ya que fue fundado por el rey castellano Fernando III en el siglo XIII, remodelada durante el Barroco. La portada realizada en mármol, cuenta con una hornacina con la imagen de Fernando III. La iglesia de una sola nave, tiene en su interior un precioso retablo del siglo XIV.
Llegamos a la plaza más bonita de la ciudad, la Plaza de
la Corredera. De planta rectangular, porticada con arcos en su parte
inferior, algo bastante peculiar. Se presume que aquí estaba el circo romano,
por su disposición también fue utilizada como lugar de celebración de los actos
de fe, ejecuciones, pregones y plaza de toros. Comimos en esa misma plaza
porque son muchos los bares y restaurantes que hay.
Por la tarde, antes de la visita concertada al Alcázar,
seguimos paseando por la ciudad, viendo iglesias como la Basílica Parroquia
de San Pedro (construida sobre los restos de un templo, de época mozárabe,
se piensa que albergó a mártires cristianos. Iglesia fernandina, conserva dos
de las portadas originales y parte de la torre mudéjar, siendo declarada en el
2006 como la Basílica Menor de San Pedro), el Altar de San Rafael (uno
de los humilladeros y retablos callejeros para la devoción popular, solo queda
el retablo en la esquina de las calles Lineros y Candelaria. En el centro del
altar, San Rafael, el custodio de la ciudad y a los lados San Acisclo y Santa
Victoria, patronos de la ciudad. Justo en frente el reconocido Restaurante de Bodegas
Campos) o la Plaza del Potro, en la que hay una fuente y otro Triunfo
de San Rafael.
Por último, visitamos el Alcázar de los Reyes Cristianos,
para lo cual había que sacar entrada. Se trata de una fortaleza y palacio de
gruesos sillares de piedra. Se trata de una construcción casi rectangular con
cuatro torres en las esquinas, de las que se conservan tres: la del homenaje,
la de la Inquisición, y la de Los Leones (la cuarta torre sería la de la Paloma o
de la Vela). Esas torres se comunicaban entre sí por medio de adarves
protegidos por almenas. En el interior del Alcázar hay restos romanos, visigodos y
musulmanes. Las dependencias se articulan en torno a patios con abundante vegetación
y agua (destaca el Patio Morisco). En las galerías de acceso hay un sarcófago pagano
del siglo III. En el Alcázar pueden contemplarse piezas
artísticas halladas en el subsuelo de la ciudad. Destaca la colección de
mosaicos romanos que decoran las paredes de la antigua capilla de la
Inquisición, realizada en el siglo XVIII y que actualmente se conoce como Salón
de los Mosaicos, donde se exponen piezas arqueológicas. Bajo este salón están
los baños de época árabe.
Una vez terminada
la visita al Alcázar se terminó el recorrido turístico por la ciudad. La
sensación que me da es que Córdoba no es solo la Mezquita, sino que es muchísimo
más. Al recorrer sus calles te vas dando cuenta que no hace falta ir buscando
los monumentos porque es como si los monumentos te encontraran a ti. Tiene tal
variedad y cantidad que es imposible quedar descontento. Si a todo ello le añadimos
la gastronomía, pues encantado con la visita.
Así, terminó este
día muy aprovechado, dejando para el último dos platos fuertes: la mezquita y
Medina Azahara.
Día 7. Córdoba – Medina Azahara
- Cáceres.
Por la mañana bastante temprano teníamos la visita a la Mezquita de Córdoba. El monumento que incluye la Catedral, es Patrimonio de la Humanidad desde 1984, considerándose como la mezquita más importante del occidente islámico y es uno de los monumentos más visitados de España. Se construyó sobre la iglesia visigoda de San Vicente. Abderramán I fue el que la adquirió para convertirla en la principal mezquita de la ciudad.
Ampliada y modificada a lo largo del tiempo,
entre sus remodelaciones destaca la que llevó a cabo Alhakén II en el siglo X,
incorporando, por ejemplo, el Mihrab, la hornacina que señala el sitio adonde
han de mirar los que oran. Aberramán III modificó el alminar.
En la mezquita se distinguen dos zonas: el
patio o shan porticado y la sala de oraciones o haram.
- Patio o shan. Se accedía a él por diversas puertas, como La Puerta del Perdón (siglo XIV) que es la más monumental de las que hoy dan paso al Patio de los Naranjos. Recibió este nombre en época cristiana porque, al parecer, desde ella el obispo dispensaba el perdón a los penitentes y a aquellos fieles que no habían podido pagar el diezmo. Si se rodea el recinto por el exterior se pueden ver una veintena de accesos más, como la Puerta de Jerusalén o la hermosa de Alhakén II, esta con tres portaladas en arco, cuyos dinteles están profusamente decorados. En un rincón del perímetro externo resulta curioso encontrar una Virgen de los Faroles, que recuerda a la conocida escultura del Cristo de los Faroles de la capital cordobesa.
La construcción del Patio de los Naranjos si inició bajo el mandato de Abderramán I y originariamente estaba cubierto de olivos, laureles y cipreses. Era el lugar de abluciones de los creyentes musulmanes y un pórtico al aire libre donde los fieles oraban, pero también se impartían clases e incluso se realizaban juicios.
El alminar o minarete de 54 metros de altura es considerado como el primero que hubo en Occidente. Fue modificado en el siglo XVI convirtiéndose en torre-campanario, incorporando un reloj, campanas y la estatua de San Rafael.
- Sala de oraciones o haram. Lo primero que se observa al entrar desde el Patio de los Naranjos es un bosque de columnas (856) de mármol, granito y jaspe, unidas por dobles arcos de herradura (365). Estas columnas separan las 11 naves longitudinales y 12 transversales en las que se divide la sala.
La excelente decoración está presente en toda la estancia, destacando el mihrab, adosado al muro sur, decorado con inscripciones del Corán y cubierto con una bóveda erigida sobre un octágono, con arcos entrelazados decorados con mosaicos en oro, plata y bronce que realizaron maestros bizantinos. El acceso desde la Maxura se realiza pasando bajo un arco, cuya decoración simboliza los rayos solares como cualidad divina. Incluye un texto en árabe dorado sobre fondo azul, donde se alaba a Dios, las obras del templo y a los califas.
Convertida en catedral, tras la expulsión de musulmanes y judíos. Fue utilizada por los reyes cristianos para el culto hasta que Carlos V mandó construir en pleno centro de la mezquita una catedral cristiana en honor a Nuestra Señora de la Asunción. Comenzó a construirse en 1.523 y tardó más de 200 años en terminarla por lo que hay mezcla de distintos estilos artísticos: planta de cruz latina, bóvedas góticas, cúpula renacentista y capillas o elementos decorativos barrocos. El Coro, añadido en el siglo XVIII, formado por doble sillería elaborada en madera de caoba traída de Canarias.
Además, todo el recinto cuenta con más de una treintena de capillas como la de Capilla de Villaviciosa, la Capilla Real, la Capilla de Santa Teresa o la Capilla del Sagrario.
Tras terminar la visita a la mezquita, regresamos al hotel
pasando por la Calle Cairuán, por donde discurre parte de la muralla que
rodeaba la medina. Hay canalillos y albercas en el exterior.
Del hotel nos fuimos a por el coche que lo tenía en los aparcamientos del Nuevo Arcángel, para dejar Córdoba e ir a Medina Azahara. Hay que llegar al Museo para obtener las entradas y esperar a que nos trasladen a la antigua ciudad.
La ciudad de Medina
Azahara se sitúa a unos ocho kilómetros de Córdoba, construida por
Abderramán III en el siglo X, en honor a su favorita, aunque es más fiable la idea
que fuera creada por el califa como símbolo del recién creado Califato
de Córdoba. Por eso se utilizaron materiales de gran valor como mármoles
violáceos, oro, plata y contó con el trabajo de los mejores canteros.
La ciudad se dispone en
tres niveles rodeados por murallas.
En el nivel
superior se situaba el Alcázar Real. Era de carácter público y el lugar en el que se
recibían las visitas oficiales. Destacan el Salón alto, con cinco naves y el
Salón Rico. Accedemos por la Puerta Norte, a este nivel más alto, donde
también se encuentra la residencia privada del califa (Casa del poder). Otro de
los edificios que destacan en esta zona es la Basílica Superior, con
materiales menos esplendorosos. Tras pasar por el Gran Pórtico (entrada
monumental con catorce arcos abiertos para sorprender a los visitantes) accedemos a la plaza, que se utilizaba para cuestiones militares.
En el nivel inferior están las viviendas del servicio y las dependencias de la guardia. Algunas están en bastante buen estado de conservación
La ciudad de Medina Azahara solo sobrevivió durante unos 70 años, las continuas guerras, la caída del Califato y la llegada de los reinos taifas provocaron que fuera asolada, quedando en ruinas, aunque su legado está ahí.
Tras esta
visita, se ponía rumbo a Cáceres. De esta forma, se terminaba un viaje intenso en el que aprovechó al máximo el tiempo, se descubrieron muchos sitios, junto con otros que ya se habían visto,
pero valía la pena volver a verlos. Toda una experiencia positiva en casi todos
los sentidos.





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