Día
1. 06-07-19. Madrid – París. Comenzamos el viaje para
realizar un circuito por el centro de Europa. Salimos por la mañana temprano
hacia Madrid porque el vuelo salía a mediodía. Tras dejar el coche en el
parking del aeropuerto nos fuimos a la terminal, esta vez sin dificultades lo
que podía considerarse como inusual. Allí se entregó el pertinente regalo de
cumpleaños (otro viaje).
El vuelo
fue bastante cómodo, llegamos a París a una hora prudente para comer. Al llegar
al hotel nos encontramos con una importante falta de información, algo que nos
puso algo nerviosos. También se encontraba una chica allí que estaba igual de
perdida que nosotros, viajaba sola y agradeció que estuviéramos con ella, se
llamaba Adriana, era de Las Palmas de Gran Canaria. Salimos a comer a un
restaurante cercano y nos fuimos con tiempo hacia el centro porque a las cinco
de la tarde teníamos las entradas para subir a la Torre Eiffel. Nos fuimos en
metro, creíamos que no íbamos a tener problemas, pero antes de llegar a nuestro
destino, nos desalojaron del metro, con el susto en el cuerpo. Lo primero que
pensamos fue en una alerta terrorista, tal y como estaban las cosas, aunque
luego comprobamos que se debía a obras en el metro. Legamos a los aledaños de
la Torre Eiffel, que lucía imponente. La cola para acceder a la torre
era un poco larga, pero bien organizada. La
conocida como Dama de Hierro es uno de los mejores miradores
de la ciudad. Desde la torre, como el tiempo era bueno, se divisa el Arco del
Triunfo, el Gran Palacio, el Museo de Louvre,
Notre Dame, … Hay letreros en la parte superior que explican los famosos
lugares que se pueden ver desde la parte superior.
Terminada la visita y dar una vuelta regresamos al hotel, llegamos y el guía nos estaba esperando para ir a cenar a un restaurante cercano (éramos los últimos). Le comentamos que había una falta de información y nos remitió a un pequeño cartel en el tablón de anuncios del hotel donde había algunas consideraciones, se aclaró el malentendido y a dormir.
Día 2. 06-07-19. París. El día comenzaba con
buenas perspectivas y una temperatura estupenda que hacía que aún hubiese más
ganas de visitar la ciudad. Para este día teníamos un guía bastante simpático
que no dejó de bromear, haciendo de la excursión algo muy ameno.
La primera
parada la hicimos en los Jardines de Luxemburgo, que incluye un palacio.
Todo diseñado en el siglo XVII siguiendo el estilo renacentista. Cerca de allí
se encuentra la Torre de Saint Jaques (Santiago en francés) de estilo
gótico, lugar donde comienza el Camino de Santiago.
De allí nos fuimos al Museo del Louvre, no
entramos por evidente falta de tiempo, pero si apreciamos lo majestuoso de su
conjunto desde el exterior, realizamos varias fotos desde el patio,
sobresaliendo la famosa pirámide. A estas alturas del día, no solo Adriana iba
con nosotros, sino también se unieron una madre (Andrea) y su hija adolescente
(Ruth) que también eran canarias (Tenerife). Creamos un grupo bastante bueno.
Despues fuimos a visitar el Cour d´Honner,
el patio de honor, que llamaba la atención por las diversas formas que podemos
encontrar en él. A continuación, nos fuimos a comer y esperar para el crucero
por el Sena que teníamos a media tarde. El suelo emborregado hizo de ese
viaje un barco una bonita experiencia. Desde el barco se aprecia la ciudad
desde otro punto de vista, pasamos cerca de la Torre, de Notre Damme, el puente
de los candados, el puente nuevo o el puente de enrique IV (el más antiguo de
la ciudad), …
Luego nos fuimos al hotel para cenar, pero aquí no acababa el día, por la noche íbamos a ver la Torre Eiffel iluminada desde Trocadero, hasta llegar allí nos costó puesto había mucho tráfico debido a festejos y celebraciones por la Copa de África de fútbol. Desde la Plaza de Trocadero se obtienen unas vistas preciosas de la Torre Eiffel y con un imponente juego de luces.
Día 3. 08-07-19. París. Volvió a salir un día
espléndido, comenzando el viaje en el bus pasando por el Parque de los
Príncipes, dirigiéndonos hacia la periferia de Paris, cerca del Mercado de
las pulgas (rastro de París), por la zona norte, zona con gran población
inmigrante africana. Llegamos a Montmartre, el barrio bohemio de la
ciudad, con sus calles empedradas vieron como por allí anduvieron artistas como
Monet, Picasso o Van Gogh debido al coste más barato de la vida. Estaba lleno
de cabarets y burdeles por lo que se ganó mala fama. Tras recorrer la rue des
Martyrs o la Rue Lamark llegamos a la Plaza de Tertre (Plaza de los
artistas), allí a pesar de lo temprano degustamos unos creppes de turrón y
castañas buenísimos.
El autobús nos esperaba abajo, donde se encuentra el centro de fiesta, espectáculos o tiendas, donde se ubica el famoso Mouline Rouge. De allí, pasando por el Monumento al pueblo de Francia, continuamos por la calle Ámsterdam hasta el corazón de París, divisando la Estación de San lázaro, la Ópera Garnier (edificio neobarroco conocido como la Ópera de París), lugar donde murió Moliere. La abadía de Saint Germain des Pres, abadía en la que se encuentran los restos de René Descartes. Continuamos la excursión por el Panteón de París, edificio neoclásico del siglo XVIII que fue la construcción más importante de la ciudad hasta que apareció la Torre Eiffel, en el interior se encuentra el famoso péndulo de Foucault (una esfera de cobre suspendida de la cúpula por un cable de 67 metros).
Tras pasar por el Teatro de Odeón, que
entre otras cuestiones vio el estrenó en el siglo XVIII Las bodas de Fígaro,
llegamos a la Plaza de la Concordia, también denominada Plaza de Luis
XV, una de las más importantes de la ciudad, decorada con fuentes, estatuas y
un imponente obelisco egipcio que el gobierno de ese país regaló a Francia en
el siglo XIX. Esta plaza fue un símbolo de la Revolución Francesa, puesto que
fue el lugar donde fueron ejecutadas con la guillotina decenas de personas,
entre ellas Luis XVI, María Antonieta o Robespierre.
De allí fuimos al edificio principal de la
Sorbona, el Palacio de Cluny, las antiguas termas romanas, la iglesia
de San Severin (curiosa construcción flamígera, con unas preciosas
vidrieras) y a la iglesia de Julián el Pobre, considerada como la más
antigua de la ciudad.
El
recorrido terminó en las inmediaciones de Notre Damme, que debido al
incendio sufrido recientemente estaba en rehabilitación, rodeado por una valla
que evitaba verla en todo su esplendor. Sin embargo, exteriormente no se notaba
nada del incendio, aparecía la catedral gótica en todo su esplendor, con sus
dos torres, sus enormes rosetones, arbotantes y la abundante decoración
escultórica. Esta era un buen colofón de la excursión, por la tarde lo pasamos
más relajadamente, cerca de Notre Damme para poco después regresar al hotel.
Así, se terminaba la primera parada del circuito,
de la que nos íbamos a ir con una sensación agridulce, por una parte, se
apreció la belleza de la ciudad, pero por otra parte se ha quedado muchas cosas
por ver como visitar el Louvre, Versalles, … aunque eso hace que se tenga una
cuenta pendiente, no está tan mal porque de esa forma hay una buena excusa para
volver.
Día 4. 09-07-19. Brujas - Gante - Bruselas. Dejamos París bastante temprano, marchamos hacia Bélgica. El primer destino sería Brujas, a unos 300 km de la capital francesa, por lo que a media mañana estábamos en la que se conoce como la Venecia del norte, declarada Patrimonio de la Humanidad, cuenta con un gran número de casas gremiales, palacios, lonjas e iglesias que hacen constatar lo importante que fue la ciudad en la época medieval, atrayendo a numerosos artistas y por su situación portuaria ser un gran centro comercial y manufacturero. Al llegar la sensación es como si hubiéramos retrocedido al pasado o más bien formar parte de una postal.
Lo primero
en visitar fue el Beginhof, un beaterio del siglo XIII, en cuyo interior
hay un gran número de casas pequeñas entorno a un jardín (en la Edad Media se
destinaba a acoger a mujeres que consagraban su vida a la oración y a los
enfermos, aunque desde 1927 es un convento de monjas).
Salimos del
beaterio para pasear por las calles de la ciudad, pasando por la Iglesia de
Nuestra Señora, construcción gótica en la que sobresale la torre de 123
metros de altura (la torre gótica más alta de Brujas y la segunda más alta del
mundo).
La
Catedral de San Salvador, también gótica, es otra construcción que
visitamos, con una imponente torre campanario.
Proseguimos
el paseo por las calles adoquinadas, lo que era el barrio de la cervecería,
aunque sólo queda actualmente una (decían que llegaba la cerveza por tuberías
como si de agua se tratara). Vimos la casa gótica con la ventana más pequeña,
el Museo Groneninge con muchos cuadros de artistas flamencos como Jan
Van Eyck, la Casa de los Curtidores de pieles, el callejón del burro ciego o la
Plaza del Ayuntamiento para llegar a Grote Mark (la Plaza del
Mercado), el auténtico centro de la ciudad. Plaza monumental que impresiona
por su majestuosidad (sin duda una de las mejores plazas que he visto en mi
vida). Esta antigua atalaya está flanqueada por edificios del siglo XVI como el
Palacio Provincial (de estilo neogótico) o el Museo Histórico, aunque destaca
la torre Belfort, un campanario del siglo XIII con más de 40 campanas. En la
planta baja los edificios han sido ocupados por bares y restaurantes, en uno de
ellos (Grand café central) comimos en un entorno privilegiado y degustamos una
buena cerveza de frambuesa.
Tras comer hicimos el recorrido a la inversa para
tomar el autobús e ir a Gante, pasamos por la Plaza Simon Stevin, la escultura
a Van Eyck, la catedral, el mercado de las telas para
terminar por la zona de los gremios.
Gante distaba únicamente 51 kilómetros, así en menos de
una hora llegamos a la ciudad flamenca, muy bella, surcada por canales con una
gran variedad arquitectónica medieval que demuestra su importancia en la época
moderna.
Gante (ciudad histórica con gran importancia en España
puesto que fue el lugar de nacimiento de Carlos V) situada en el centro de
Flandes en la confluencia de los ríos Lys y Escalda. Nos dejaron en el bonito puente
de San Miguel, de estilo neogótico del siglo XIX. Tras él, la iglesia de
San Nicolás, se contraponía, al ser muy antigua (estilo gótico del siglo
XII), iglesia dedicada al patrón de los comerciantes debido al carácter
comercial que ha tenido la ciudad a lo largo de su historia.
A continuación, divisamos la torre-campanario
de Gante, domina el centro de la ciudad. Se trata de una torre que se usaba
como lugar de vigilancia y tesorería. De la torre destaca el carrillón
(conjunto de campanas) del que sobresale la Roeland (una campana). La torre
está coronada por un dragón.
Una de las joyas de Gante es la Catedral de San Bavón, edificio gótico construido sobre una antigua iglesia románica, aunque no tiene tanta decoración exterior como otras construcciones del mismo estilo, destaca la torre-pórtico que llega hasta los 90 metros de altura.
Otro castillo que encontramos fue el Castillo de los Condes (Gravenstreun) del siglo XII. Otros edificios que destacan eran la casa de los gremios de los albañiles, frente a la iglesia de San Nicolás, curiosa fachada escalonada del siglo XVI que durante mucho tiempo estuvo oculta. Llama la atención los seis diablos bailarines o bufones que se sitúan en la parte superior de la fachada que se mueven por la fuerza del viento. Hoy es una oficina de turismo.
Terminamos el recorrido por el grafittistraje (lugar donde se pueden hacer graffitis) y por la zona de los gremios donde destaca la antigua lonja de pescado.
Así, continuamos el recorrido hacia Bruselas, que estaba a 55 kilómetros, de forma que en menos de una hora llegamos a la capital belga. Lo primero que nos recibió fue el Atomium, una construcción de 100 metros de altura construido por motivo de la Expo de 1958, que representa un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. El conjunto lo forman 9 esferas de acero de 18 metros de diámetro.
Tras las pertinentes fotos proseguimos el viaje en
el autobús observando monumentos como el Estadio Rey Balduino, la Fuente de
Tritón, la Pagoda China, como un trozo de Japón, torre japonesa de
40 metros que la compró Leopoldo II. Rey que también construyó el Palacio
Real de Laeken que se extiende dentro de los Jardines Reales. En estos
jardines a su vez están los Invernaderos Reales. Este barrio de Laeken
anteriormente era independiente de Bruselas, aquí se ubicaba la Iglesia
Nuestra Señora de Laeken o la Avenida Real.
Un poco más alejado y más cercano al centro de la
ciudad se encuentra el Canal de Wille Broeck, que con 28 km de longitud
conecta con el mar. Así, tras pasar por el Parque del Jardín Botánico o
la Estación del Norte llegamos al hotel, cenamos y luego nos fuimos a
dar un paseo por los alrededores. Lo primero que vimos fue el Monumento a
las dos guerras, con un soldado belga y británico. Estábamos en el hermoso
barrio de Sablón, donde destaca la Plaza del Gran Sablón, espacio
rodeado de preciosas fachadas de los siglos XVII o XVIII. La iglesia de
nuestra Señora de Sablón es otro de los monumentos que pudimos ver, es del
gótico tardío (siglo XV) y aunque no tiene grandes dimensiones es una de las
más bonitas de Bruselas.
En esta zona hay varios museos como el de Arte
Antiguo o el Museo Magritte (dedicado al pintor belga).
El barrio terminaba en el Parque de Petit
Sablón, desde aquí se podía apreciar la aguja del Ayuntamiento y un curioso
reloj situado en la fachada del Palacio de la Dinastía, El reloj de los
ciudadanos, denominado de esa forma porque cada hora marca una figura con
personajes ilustres de Bruselas.
Desde allí regresamos al hotel para descansar
después de un día muy completo, no nos perdimos porque la estatua ecuestre de Godofredo
Guillón nos sirvió de referencia.
Día 5. 10-07-19. Bruselas - Ámsterdam. El día salió estupendo, como los anteriores. Comenzamos una visita por Bruselas, iniciándola en el Parque del Cincuentenario (construido por Leopolodo II). En el parque hay varios museos, pero sobre todo sobresale el Arco de Triunfo, en principio construido como puerta este de entrada a la ciudad, el arco guarda cierto parecido con la Puerta de Brandenburgo de Berlín, coronado por una cuadriga, representa la región de Brabante. A los pies de las columnas se sitúan ocho estatuas que representan a las ocho provincias belgas.
Desde allí
volvimos a pasar por la zona europea (UE), pasamos por la Mini Europa y
llegamos a la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, uno de los
principales edificios de la ciudad, esta construcción gótica está bien ubicada,
destaca el interior tan bien conservado, destacando el púlpito barroco en
madera o los confesionarios.
Continuamos el paseo por las Galerías Saint
Hubert o las Galerías Reales, que fueron las primeras galerías comerciales
de Europa. Tiene unos 200 metros de largo, divididas en tres zonas: Galería del
Rey, Galería de los Reyes y Galería de los Príncipes. Todo el espacio está
cubierto por una enorme cúpula de cristal que deja pasar la luz y es lo más
llamativo del conjunto.
Las
Galerías conectan con el Teatro de la Monnai y La Gran Plaza (Le
Grand Place), sirviendo de conexión entre la zona monumental. La Grand
Place es el centro de Bruselas, otra plaza preciosa que estaba a la altura
de la Grote Mark de Brujas. La de Bruselas es una plaza más cerrada, compuesta
por un gran número de edificios, como el Ayuntamiento con su torre que
llega casi a los 100 metros de altura, coronada con la estatua de San Miguel y
tejado con decenas de lucernas (ventanas). Otro edificio es la Maison deu
Roi (La mansión del rey) residencia real durante mucho tiempo que
actualmente alberga un museo. Otro edificio es la Maison des Ducs de Brabant
(La mansión de los duques de Brabante) de estilo neoclásico y como estos
algunos más dando a la plaza un aspecto imponente, aunque había puestos y
stands de feria que evitaron observarla en su totalidad.
Saliendo de la plaza, por la calle de Charles Buls
nos encontramos con la Estatua de Everd´t Serclaes, héroe belga que
recuperó la ciudad de las tropas flamencas. Este símbolo de valentía a su vez
funciona como amuleto (según la tradición si se le toca el brazo trae suerte,
se le pasa la mano desde la cabeza a los pies ayuda a contraer matrimonio y de
los pies a la cabeza ayuda a separarse). Por la calle vimos en una fachada un
personaje belga no podía faltar: Tintín de Hergé.
En pocos metros llegamos al otro símbolo de la
ciudad: el Mannaken Pis, una pequeña estatua de 50 cm. que representa a
un niño desnudo orinando sobre una fuente (se cree que salvó a la ciudad al
apagar una mecha y evitar un incendio, otra teoría es que orinó en la pared de
una casa de una bruja, convirtiéndolo en estatua). Desde el siglo XVIII se ha
ido decorando con ropa de niño, tiene más de 650 que se pone en actos
importantes, ahora no tenía ninguno y lo pudimos ver original. Cerca de él
menos conocida se encuentra otra escultura similar, pero que representa a una
niña (Jeanneke Pis) justo al lado de una de las cervecerías más famosas de la
ciudad: Delirium Café.
El Mannaken Pis, el Atomium y le Grand Place se pueden considerar tres de los cuatro grandes símbolos de Bruselas, sólo nos quedaba el cuarto: el chocolate y por supuesto no podíamos irnos sin degustarlo. Tomamos unos gofres deliciosos (tenían unos agujeros más grandes que otras variedades). Poco tiempo después nos fuimos a comer a Le Grand Café, todo un lujo de sitio cerca del centro, zona que continuaba decorada con motivo del Tour de Francia que pocos días antes había salido de la ciudad.
Tras comer dimos un paseo por la ciudad,
aprovechando cada minuto y abandonamos la capital belga, de la que nos llevamos
un buen sabor de boca (no solo por los gofres) para dirigirnos a otra capital,
en este caso la de los Países Bajos: Ámsterdam. Llegamos sobre
las cinco de la tarde, pero el tiempo empeoró y amenazaba lluvia. Al llegar
dimos un paseo por la ciudad, cerca del río Amstel teniendo que abrir los
paraguas porque comenzó a llover, aunque de forma leve.
Lo primero que nos llamó la atención era la
cantidad de bicicletas que circulaban por la ciudad, más que coches, nos
explicaron que era lo normal, incluido llevar a niños delante de la bici (niños
limpiaparabrisas). Había que tener cuidado porque nosotros no estamos
acostumbrados a que circulen tantas bicicletas.
Comenzamos el paseo en la Estación Central de
Ámsterdam, un edificio neorrenacentista, siguiendo por la Plaza Dam
con su obelisco en el centro como homenaje a los soldados holandeses caídos en
la II Guerra Mundial. En la plaza está el Palacio Real, un edificio
neoclásico del siglo XVII.
Luego nos dirigimos al lugar más conocido o famoso
de la ciudad, el Barrio Rojo, donde los escaparates y las luces son los
dominantes absolutos. Situado en la parte antigua de la ciudad, herencia de la
Edad Media, cuando los burdeles de Ámsterdam eran administrados por el sheriff
(los escaparates aparecieron en el siglo XVII). En estos escaparates las
prostitutas ofrecen sus servicios, trabajan y contribuyen con los impuestos de
forma legal.
Tras este paseo pasado por agua llegamos al Mercado
de las Flores (Bloemenmarkt) lugar preferido por los holandeses para
comprar flores, otra gran tradición que no han perdido. Lugar curioso lleno de
gran número de puestos de flores. Al lado de allí, tomamos el autobús para ir
al hotel que se encontraba en las afueras, justo al lado del Estadio del Ajax:
el Ámsterdam Arena (actualmente Estadio Johan Cruyff), un estadio icónico para
nosotros: “el estadio de la séptima”. Todo un lujo poder ver el estadio desde
la ventana del hotel.
Día 6. 11-07-19. Ámsterdam – Pueblos cercanos. El día amaneció encapotado y amenazando lluvia, pero con buena temperatura. Comenzamos volviendo al centro de Ámsterdam para hacer un crucero por el río. Antes de él, realizamos un paseo por la ciudad, por los barrios obreros, la Escuela de Ámsterdam, la Plaza Leuvren con la estatua de Rembrandt, custodiada por los soldados de la ronda de noche. Tras pasar por el Teatro Tuchinski, con una llamativa fachada de inicios del siglo XX con influencias modernistas, del art decó y las ideas de la escuela de Ámsterdam, sin duda uno de los mejores cines que he visto. También visitamos un beatario (Begijnhof) del siglo XIV muy similar al que vimos en Brujas. Llegamos a la estatua de Guillermina, reina de Holanda, cuya escultura ecuestre sobresale en el centro de la ciudad.
De esa forma comenzamos el crucero por los
canales de la ciudad, el viaje comenzaba en las zonas más lujosas de
Ámsterdam, conocido como el canal de los señores (Hevengracht) con casas
señoriales, continuamos por el Keizersgracht, nombre debido a
Maximiliano I de Austria, canal de 4km donde destaca la Casa de las Cabezas
(se pueden ver las cabezas de seis dioses romanos). Por último, el canal Prinsengracht o
el “canal del príncipe”, en honor Guillermo de Nassau, el príncipe de Orange.
Además de una bonita y acogedora zona de la ciudad, aquí disfrutamos de lugares
como la casa de Ana Frank, el Museo Casa Flotante, la iglesia
De Duif o el Palacio de Justicia. En todo el recorrido llamaba la atención la
inclinación hacia delante de las casas y un gancho en la parte superior, algo
que se hace para facilitar la subida o bajada de mercancías o muebles. Un
bonito recorrido para ver la ciudad desde otro punto de vista.
Pueblos cercanos. Una vez finalizado el
crucero comenzamos el recorrido por los pueblos cercanos. La primera parada la
hicimos en Marken, que distaba unos 20 km. de Ámsterdam, pequeño
pueblo pesquero, con puerto, canales, iglesias y casas pequeñas con jardín y
algunas con palafitos de madera porque el pueblo solía inundarse regularmente.
Por entonces el tiempo empeoró bastante, comenzó a llover, aunque eso no hizo
que todo ese paisaje se desluciera, al contrario.
De Marken nos fuimos a Vollendam,
situada en la orilla del lago Ijssel, pueblo de pescadores, destacan sus
calles, su paseo marítimo y las numerosas tiendas que podemos encontrar. Aquí
comimos estupendamente en un restaurante pesquero típico de la zona.
Entre
Marken y Vollendam visitamos una fábrica de quesos, el principal
producto de la zona, donde degustamos multitud de quesos de diferentes
variedades, además de la explicación del proceso de elaboración de los quesos.
Unos deliciosos quesos que, valga la redundancia, hicieron las delicias de los
degustadores de queso.
Tras comer (no mucho por el empacho de quesos que
llevábamos) fuimos a Edam, otro pueblo, como los anteriores, que
parecían haberlo sacado de un cuento, contaba con canales, vegetación y casas
pequeñas. Tras dar un paseo por el pueblo (el tiempo mejoró y quedó una tarde
fenomenal) llegamos a Damplein, la plaza principal, espacio curioso
porque parecía como si estuvieras en un tejado. Desde allí se divisa el Ayuntamiento
de estilo neorrenacentista. Por el curso del canal se llega a la Iglesia de
San Nicolás (Grote Kerk), construida en ladrillo rojo. La Plaza del
Mercado del Queso es otro espacio a destacar, en ella podemos ver la
escultura en homenaje a los porteadores de queso. Cerca de allí está la iglesia
de Virgen María del siglo XV (reconstruida el siglo pasado) en la que
sobresale su torre (El carrillón). Pasamos por un cementerio que no agradó a
gran parte del grupo y por las casas con enormes ventanas que dejan ver todo el
interior (la cultura holandesa es herencia de la época burguesa donde era
importante dar a entender que eras de clase alta, por eso los adornos con
flores y los detalles cuidados del interior son fundamentales).
De Edam nos fuimos a la última parada del día: Zaanse
Schans, el pueblo de los molinos de viento, que en el siglo XVII
llegaron a ser más de 600, ya que fueron utilizados para la construcción de
barcos, Holanda en el siglo XVIII se convertiría en una potencia comercial
conjuntamente con Francia e Inglaterra desbancando a España y Portugal. Ahora
solo quedan algunos molinos autóctonos y otros se restauraron después de la
Segunda Guerra Mundial. Además de los molinos, cuenta con casas típicas, una
quesería o una fábrica de zuecos, todo rodeado de bellos paisajes en los que el
verde y el agua están siempre presentes.
Tras
visitar el pueblo y realizar las pertinentes fotos con los molinos, regresamos
a Ámsterdam, salimos a cenar por la zona del Ámsterdam Arena y marchamos a
descansar puesto que al día siguiente tocaba madrugar para el trayecto final
del viaje.
Día 7. 12-07-19. Colonia- Crucero por el Rin - Frankfurt. Dejamos los Países Bajos para llegar a Alemania. A las 10 de la mañana estábamos en Colonia, lugar donde tomaremos el crucero a mediodía. Así, teníamos varias horas para visitar la ciudad más antigua de Alemania. Teníamos varias horas libres para patear la ciudad. Nos dejaron justo en el símbolo de la ciudad: la Catedral de Colonia, toda una joya arquitectónica de estilo gótico, con más de 150 metros de altura, destaca por el carácter negruzco del exterior debido a la contaminación y a que los materiales son poco resistentes a los gases contaminantes, por ese motivo se encuentra en continua reparación y limpieza. En su interior destacan las ricas vidrieras, los trípticos o un relicario que se cree contiene los restos de los tres reyes magos
Tras ver la catedral, paseamos por el barrio
antiguo reconstruido casi en su totalidad tras la Segunda Guerra Mundial. Este
casco histórico se extiende a orillas del Rin, aquí se encuentra el Ayuntamiento,
con una curiosa fachada renacentista. Además, los coloridos edificios y las
plazas daban un sentido mezcla de lo antiguo con lo moderno, con mucha gente en
los restaurantes y cafés que se extienden por toda esta zona.
También en el casco antiguo se halla la iglesia
de Gran San Martín, iglesia benedictina dañada en la Segunda Guerra
Mundial, quedando reconstruida con una gran estructura exterior y un interior
mucho más austero.
No había mucho tiempo para más, de esa forma, nos
embarcamos para hacer un crucero por el río más importante del país: el Rin.
En esta zona el río discurre por una zona en la que destacan los hermosos
castillos que son verdaderos fuertes que vigilan el curso del río. Entre esos castillos
está el de Marksburg, castillo que tiene el honor de nunca haber sido
destruido o conquistado desde que se construyó en el siglo XIV (debido a la
orografía). Vimos un gran número de castillos como el de Sooneck o el de
Rheinstein. Otra construcción que destaca fue la estación de peaje de Pfalzgrafenstein.
Bonito crucero y muy cómodo.
Terminamos el viaje, comimos y nos fuimos al
destino final del viaje: Frankfurt am Alain o Franfurt de Meno,
llamada así por el río Meno que la cruza y parece darnos la bienvenida. La
ciudad es el centro financiero de Alemania, aunque eso no evita que sea una
ciudad con un casco histórico y un pasado relevante (una ciudad de contrastes).
Tras instalarnos en el hotel había posibilidad de
realizar una excursión con el grupo, algo que declinamos porque al día
siguiente teníamos la posibilidad de realizar un free tour puesto que hasta
después de comer no nos íbamos. De esa forma nos tomamos la tarde de forma
relajada, llegamos a la Plaza Romeberg, el corazón de la ciudad, plaza
con bastantes edificios llamativos con dos fuentes: la de la Justicia
y la de Minerva. También se encuentra aquí el Ayuntamiento,
curiosamente detrás de la fuente de la justicia, que no mira hacia él. Está
formado por tres edificios del siglo XV y que se reconoce por las banderas de
la fachada. Por la plaza estuvimos tomando algo y viendo la semifinal de tenis
de Wimbledon entre Nadal y Federer, que acabaría con la victoria del suizo. El
regreso al hotel, ya de noche, fue una buena aventura, puesto que tardamos en
localizarlo.
Tanto Andrea, Ruth y Adriana realizaron la
excursión con el grupo puesto que viajaban más temprano al día siguiente y no
podían aprovechar como nosotros el siguiente día. De esa forma esa era la
despedida, daba bastante pena que terminara puesto que habíamos disfrutado
mucho en grupo.
Día 8. 12-07-19. Frankfurt. El último día comenzó con
las despedidas de nuestras amigas en el Hotel Ramada. Nos dirigimos a la Plaza
Romeberg desde comenzaba el tour. Nos explicaron las fuentes, el
Ayuntamiento, las casas coloridas de diferentes tamaños, la iglesia de San
Nicolás (con un curioso tejado de pizarra), en una esquina de la plaza
estaba la Casa Wertheim (casa original de 1600 de tres plantas bastante
espectacular por su fachada de entramados y que en la parte de abajo
actualmente se ubica un restaurante). Desde aquí comenzamos el tour, realizando
la Ruta de la Coronación, desde la Plaza Romberg por la calle
Mark/Holgasse hasta llegar a la catedral. El nombre de esta ruta se debe al
recorrido que hacían los emperadores alemanes tras ser coronados en la
catedral, este recorrido se realiza por calles estrechas con grandes edificios
de espectaculares entramados, se pasaba por la Plaza del Pollo (Hunnermark),
reconstruida hacía un año y en cuyo centro estaba la fuente de estilo
renacentista en honor al poeta Friedrich Stolze. En esta ruta de Coronación o
Allstadt también hay algunos museos y muchos edificios con fachadas muy
llamativas.
Llegamos a la catedral de Franfurt, no es
tan grande ni tan espectacular como la de Colonia, pero es un sitio con un gran
valor histórico puesto aquí se coronaron los emperadores germanos entre los
siglos XIV y XVIII. Esta construcción gótica del siglo XII destaca por el color
rojizo de la piedra, aunque curiosamente nunca fue una catedral de forma
oficial puesto que nunca tuvo obispo. Esta construcción, como la catedral de
Colonia, resistió a la Segunda Guerra Mundial debido a que los aliados las
utilizaban como punto de orientación.
Seguimos el tour por el casco antiguo,
encontrándonos en el suelo unas pequeñas placas incrustadas en el suelo que
miden 10 cm. y ponen el nombre de una víctima del nazismo, contando como fue el
trágico final de esa persona. Pasamos por la Casa-museo de Goethe, lugar
donde nació y creció el mayor poeta del país. La fachada es digna de ver. A
continuación, llegamos a la Plaza Paulsplatz, donde destaca la iglesia
de San Pablo, esta es símbolo de la democracia y unidad puesto que aquí se
reunió el primer Parlamento elegido democráticamente en 1848.
Esta zona
de la ciudad es el centro económico del país, con edificios de gran altura,
similar a Manhattan (Franhattan), incluso hay algunos Spiderman ocultos entre
sus rascacielos.
La estatua del toro y el oso (hacen referencia el toro
a la fuerza y a las grandes variaciones del mercado de valores, mientras el oso
hace lo contrario al sentimiento alcista, utilizándose cuando el mercado sufre
continuas caídas) y la figura un euro enorme hacen constar el sentido económico
de la ciudad.
El tour terminó en lo alto de un rascacielos, en
lo que había un bar, desde aquí podíamos tener unas vistas de la ciudad desde
las alturas.
Al terminar
nos fuimos a comer rápidamente, tomamos las famosas salchichas (habría sido un
sacrilegio ir a Franfurt y no comerlas) con la pertinente cerveza.
Nos llevaron al aeropuerto, uno de los más grandes
de Europa, pasando por el estadio del Eintrach, que se encuentra en las afueras
de la ciudad.
Llegamos a Madrid ya anocheciendo y al llegar se
perdió o nos robaron un móvil que hizo que el viaje nos dejara un gusto amargo.
Estuvimos intentando recuperarlo sin suerte. Nos fuimos al hotel que habíamos
reservado y por la mañana siguiente regreso a casa.
Buen viaje, muy completo, en algunos momentos
cansado, pero la sensación es que ha valido mucho la pena, a pesar de la
pérdida del móvil o la cuesta abajo en otros sentidos.