miércoles, 26 de febrero de 2025

VIAJE A TURQUÍA (verano de 2023)

 

 

VIAJE A TURQUÍA

Del 19 al 27 de agosto de 2023

Día 1. 19-08-23. Madrid – Estambul. Comenzamos el viaje para realizar un circuito por Turquía. Salimos el día anterior y nos hospedamos en un hotel cercano para no tener que madrugar. Dejamos el coche en el parking de larga distancia y fuimos a facturar. El vuelo partió a las 12:00 horas en Turkish Airlines (compañía que nos dejó un buen sabor de boca).  El vuelo fue bastante cómodo, llegamos a Estambul a las 17:00 horas pensando que podríamos aprovechar bastante bien la tarde, sin embargo, la llegada fue algo accidentada, en primer lugar, tardamos mucho en abandonar el aeropuerto pues faltaba un viajero, una vez se solucionó, el trayecto en autobús fue bastante largo, incluyendo una parada en medio de la autopista (el autobús se había quedado parado en medio de la autopista, luego dedujimos que se quedó sin gasolina, pues inmediatamente fuimos a una gasolinera). En el trayecto ya pudimos contemplar una característica de la ciudad, el caos circulatorio que existía.

Llegamos al hotel sobre las 20:00 horas (casi tres horas después de aterrizar). El hotel Yigiltap parecía bastante bueno. Tras dejar las maletas, salimos a dar una vuelta por los alrededores, pero sin alejarnos mucho por miedo a no saber el camino de vuelta. Cenamos en una agradable terraza y nos fuimos a descansar pues había que coger fuerza para los siguientes días que se preveían duros.

 


Día 2. 20-08-23. Estambul.

“Mezquitas, Galata, Bósforo, crucero, paseo.”

Comenzamos realmente el viaje con una excursión por Estambul y el Bósforo que teníamos contratada desde España. La temperatura era muy agradable, a las 8:30 nos esperaba el guía, Ingil (guía correcto condicionado por una mala planificación). Sin dilación salimos hacia la primera parada, como no, tenía que ser una mezquita, las mezquitas son gratuitas, aunque durante la oración no se puede acceder. Al entrar tienes que descalzarte, no llevar pantalón corto y las mujeres cubrirse la cabeza.

Visitamos la

Mezquita Nueva
o Yeni Camii (Camii significa mezquita). Encargada por la madre del sultán Mehmet III, en el siglo XVI. Es una construcción espectacular, con 66 cúpulas, 2 alminares o minaretes (torres) y un patio adornado con azulejos. El interior se encuentra muy decorado, no ha espacios sin decorar (horror vacui), destacan los azulejos de Iznir (al igual que en la Mezquita Azul), aunque aquí no son solo azules, sino también hay blancos y verdes. En su interior destacaba el mirhab (nicho decorado en el muro de la quibla que siempre tiene que estar orientado hacia La Meca) y el mimbar (espacio reservado para la oración) cuya alfombra estaba siendo limpiada para la oración.

 
 

 La Mequita Nueva se sitúa a orillas del Cuerno de Oro (estuario a la entrada del estrecho del Bósforo), cerca del puente de Galata. Esta mezquita no estaba aislada, sino que formaba parte de un complejo formado por varios edificios como: escuela, hospital, baños, fuentes, biblioteca y mercado. Este último fue el segundo lugar a visitar, era el Bazar de las especias o Bazar egipcio, cuenta con 6 entradas diferentes, más de 80 tiendas donde no solo hay ventas de especias, sino también tiendas de joyas, dulces, frutos secos o productos artesanales. Nos dejaron tiempo libre para pasear por sus galerías, dispuesta en forma de L, con un llamativo techo abovedado y ligeramente apuntado. Allí sentimos por primera vez el ajetreo de los mercados orientales en los que se mezclaban los olores de las especias y plantas aromáticas con el bullicio de la gente, lo que unido a la iluminación hace bastante agradable la visita. Aquí realizamos algunas compras, degustando unas delicias turcas (entendiendo en ese momento el porqué de su nombre) y tés (tomé uno de granada muy bueno). Abandonamos el bazar no sin problemas, puesto que faltaba una persona del grupo e incomprensiblemente la dejaron allí sin prácticamente buscarla.


Con una persona menos marchamos en el autobús, cruzamos por el
Puente de Galata, el más simbólico de la ciudad, une la zona más antigua de la ciudad con la más moderna. Sus casi 500 metros cruzan el Cuerno de Oro, contando en su nivel inferior con restaurantes y cafeterías típicas de la ciduad.

En pocos minutos llegamos al barrio de Beyoglu, en él se ubica la Plaza Taskim (significa distribución en turco) que fue la siguiente parada de la excursión. Esta plaza se considera como el corazón de la zona moderna, lugar turístico con multitud de comercios, restaurantes, tiendas y hoteles. Junto a la ella podemos apreciar la Mezquita de Taskim y el Monumento a la República, grupo escultórico que representa al fundador de la República, Ataturk, junto a otras figuras del nacionalismo turco.



Desde la plaza parte la Calle Istiklal (si Taskim es el corazón esta calle es la vena principal), una vía peatonal de más de un kilómetro que es recorrida por un bonito tranvía rojo. Zona concurrida y con ambiente las 24 horas del día. El nombre de la calle, Istiklal Caddesi, significa en español Avenida de la Independencia. Esta vía es claro reflejo de lo que es Estambul y Turquía, un país laico, donde se mezclan las diferentes culturas y religiones, de esa forma podíamos ver turistas de diferentes nacionalidades, junto a mujeres turcas al más estilo occidental que se mezclaban con otras tapadas con un velo y algunas con un burka (dominan en toda la ciudad las que van destapadas por una gran mayoría). 

En la calle, adornada con banderines con los colores naranja y rojo que recuerdan al Galatasaray, hay edificios llamativos que pasan casi desapercibidos debido al gentío que existe, entre ellos destacan:

-      La puerta de entrada al Pasaje de las Flores, con una bonita decoración interior.

  


-      La iglesia de San Antonio de Padua, considerada como una de las catedrales católicas de la ciudad, relativamente reciente (1912), con una fachada muy llamativa que recuerda a las basílicas venecianas. El interior es más modesto, cuenta con tres naves y dos filas de seis columnas.

     



-      La iglesia ortodoxa griega (Hagia Triada Greek Orthodox), construida algo antes (1880) y que refleja la diversidad religiosa existente en la ciudad.

-  Otras construcciones que podemos ver son: Liceo Galatasaray (una de las escuelas más prestigiosas, influyentes y antiguas de Estambul), la entrada al consulado de Suecia o el genial diseño modernista de la fachada de la Casa Botter.   

            


 
El recorrido lo hicimos sin el guía, que nos dejó tiempo libre para visitarla (creo que fue un gran error puesto debería habernos explicado todos esos monumentos que para muchos pasaban desapercibidos). Después de hacernos unas fotos en todos estos lugares, tranvía incluido, llegamos al lugar donde habíamos quedado con el guía, la Torre Galata (Galata Kulesi), uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, se eleva en lo alto de las murallas de Galata. La torre tiene más de 60 metros, con una estructura cilíndrica, de época bizantina, se considera como uno de los lugares con mejores vistas de la ciudad. Construida en el siglo XIV por los genoveses dentro del Imperio Bizantino, en un principio se utilizó como sistema defensivo y torre de vigilancia para detectar posibles ataques a la ciudad por el mar. También fue utilizada como torre de incendios, con guardias en la parte superior para dar la alarma en caso de incendio (además durante un tiempo fue utilizada como prisión).


Según los romanos hay una leyenda sobre la torre, así si una pareja que no había estado nunca antes la visitaban juntos se acabarían casándose, no dándose ese caso si uno o los dos habían estado antes en la torre.

Tras observarla dimos un paseo por sus proximidades, estrechas calles de ladrillo y callejones repletos de pequeñas tiendas, boutiques, cafés, algunos museos, pequeñas iglesias y hasta una sinagoga. Para entonces afortunadamente apareció la mujer que se quedó en el Bazar de las especias y se reincorporó a la excursión y se despistó porque no cambió la hora en el móvil, se quedó tranquilamente tomando té.

                



Desde allí nos fuimos a comer a un restaurante con vistas al Bósforo (todo un lujo), comimos bastante bien y sin perder mucho tiempo nos dispusimos para la principal actividad de la excursión: el crucero por el Bósforo. Es algo imprescindible en la visita a la ciudad, es una maravilla recorrer el estrecho viendo Asia en una orilla y Europa en la otra. El Bósforo es el estrecho que separa o conecta el mar de Mármara con el mar Negro. Es un lugar especial para los habitantes de la ciudad, según dicen: “La vida no puede ser tan mala si todavía puedo caminar a orillas del Bósforo”. Durante el recorrido apreciamos la torre Galata, mansiones, casas señoriales, fortalezas, palacios, mezquitas, … Llegamos al Puente del Bósforo que es uno de los puntos emblemáticos de la ciudad, uno de los más largos del mundo, conecta la zona europea con la zona asiática, actualmente está cerrado al tránsito de personas por el gran número de suicidios que se producían. Algunos de los edificios que podemos observar desde el barco son:

-      Fortaleza Rumeli, de origen medieval, controlaba el comercio por la zona.

-      Mezquita de Ortakoy, parece mirar al Bósforo.

-      Puente de Fatih sultán Mehmet.

-      Palacio Dolmabahce del siglo XIX, destaca sobremanera, sustituyó a Topkapi como residencia de los sultanes, en el que la mezcla del estilo artístico otomano con otros occidentales como el Barroco, Rococó o Neoclásico le dan un carácter especial y llamativo.

-      Fortaleza de Anatolia.

-      Palacio de Ciragan.

-      Escuela militar más antigua de Turquía.

-      Gran Mezquita de Çamlıca, la más grande la ciudad, con capacidad para 37.000 personas.

 




-      La Torre de la Doncella, pequeño islote bizantino, aunque se cree que fue construido por los griegos. Utilizada como torre de vigilancia, faro o estación de aduanas, en principio de madera y piedra ha sido reconstruida varias veces. Tiene 16 metros de altura y en parte inferior hay un restaurante. Existen varias leyendas sobre la torre, una de ellas cuenta que el oráculo le dijo a un rey griego que su hija moriría el día que cumpliera 18 años por la mordedura de una serpiente, así para evitarlo el rey construyó la torre recluyendo allí a su hija, sin embargo, cuando cumplió los 18 años una serpiente que estaba escondida en un cesto de frutas que le regalaron la mordió y la mató. Otra leyenda dice que la Torre de la Doncella y la Torre de Galata están enamoradas, pero el Bósforo se lo impide y es ese amor el que ha hecho que resistieran todo el tiempo.



De esta forma terminamos el viaje en barco por el Bósforo, muy bonito y con un tiempo excelente que hizo disfrutar más del crucero y en parte sentirnos parte de la canción de la pirata escrita por Espronceda: “y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”.

Aquí terminó la excursión, regreso al hotel, que curiosamente lo hicimos sin el guía, que se quedó por allí y nos fuimos en el autobús solos (algo poco comprensible). Así, terminamos la actividad con un sabor agridulce porque podría haber sido bastante mejor por esos detalles comentados.

Llegamos al hotel y después de descansar un poco, a media tarde hicimos un paseo por la zona histórica de la ciudad.

Estábamos en el barrio de Fatih, bastante cerca de la zona histórica, llegamos a ella en poco menos de un cuarto de hora siguiendo la vía del tranvía. Antes de llegar allí, pasamos por varias mezquitas, como la bonita Mezquita Laleli (Mezquita de los tulipanes) del siglo XVIII, algo desconocida, pero con una gran decoración interior y exterior y sobre rodo con el lujo de encontrarnos solos viéndola.



Muy cerca de ella, la Mezquita Beyazit (Mezquita de las Palomas) del siglo XVI, siguiendo el esquema de Santa Sofía, según dicen Beyazit II le compró a una pobre viuda un par de palomas que luego donó a la mezquita.



Tras pasar por las puertas del Gran Bazar continuamos viendo el Hamam de Cemberlitas, el baño turco más famoso de la ciudad o el Museo de arte turco e islámico, nos adentramos en la principal zona de la ciudad, donde se sitúa el antiguo hipódromo romano, aunque hoy no quede nada de él, se encuentran algunos monumentos como son el Obelisco de Teodosio, la Columna Serpentina y la Fuente Alemana. Cerca de la Mezquita Azul se situaba el Mausoleo de Ahmet, con una cúpula central y cuatro minaretes en las esquinas.

   
   


Tras pasar por la Mezquita Azul y Santa Sofía (a las que veríamos mañana), fuimos a apreciar el Palacio Topkapi (no entramos porque era muy tarde). 



Justo cerca de una de las puertas de entrada se sitúa la Fuente de Ahmed III, una preciosa construcción de estilo rococó que suele pasar un poco desapercibida por la exuberancia de las mezquitas, pero es sin duda una joya arquitectónica con su tejado o sus mocárabes y azulejos. 

 



De ahí fuimos paseando por la costa del Mar Mármara, bordeando el palacio, pasando por el Faro Ahirkapi, que con sus 40 metros es el segundo más alto de Turquía. Llegamos a una explanada al lado del mar, llena de gente y militares que custodiaban una base naval. 

 

Desde allí vimos el atardecer, para continuar hacia el Puente Galata, ya iluminado y superconcurrido, proseguimos hacia el Puente Atatürk, observando la ciudad de noche con la belleza de las luces de las mezquitas. Como era tarde nos dirigimos hacia las inmediaciones del hotel para cenar, pero no sin antes pasar por el espectacular Acueducto romano de Valente del siglo IV.

       

  

 Día 3. 21-08-23. Estambul.

“Más mezquitas, cisterna, bazar, paseo.”

El día amaneció algo nublado con temperatura muy agradable, aunque en poco tiempo se despejó y apretó algo el calor. Volvíamos a repetir el día anterior y la mañana estaba planificada para realizar otra excursión, en este caso la excursión clásica por Estambul. La guía bastante correcta, condicionada por una mala organización de la actividad, con demasiado tiempo libre. Comenzamos el trayecto en el autobús pasando por la calle de las bodas, donde hay decenas de tiendas donde comprar trajes para los novios y acompañantes y donde los trajes brillantes llamaban la atención. Cerca de allí una iglesia bizantina y un acueducto romano nos llevó al centro histórico para visitar los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Tras bajar del autobús la primera construcción que apreciamos fue el hipódromo, construido en el año 200 d.C. y ampliado por el emperador Constantino. Además de carreras de carros (denominados cisios), se utilizaba como lugar de fiesta. En el inicio los competidores llevaban el nombre de diferentes colores que con el tiempo se redujeron a dos: los azules y los verdes, con un gran poder en la ciudad. En este conjunto destaca el obelisco egipcio que se trajo en el siglo IV. Esta gran piedra de 60 metros de altura sirve de referencia en la Plaza Sultanahmet. Del antiguo hipódromo se conserva la columna serpentiforme, traída del templo de Apolo en Delfos.

   

Otra construcción a destacar en la plaza es la Fuente Alemana, fuente octogonal abovedada del año 1900, construida por el gobierno alemán para dejar constancia del viaje a Estambul del emperador  alemán Guillermo II dos años antes.


Muy cerca de allí se sitúa la Mezquita Azul o Sultanahmed Camii, construida en 1609 por el sultán Ahmet I. Es más pequeña que Santa Sofía, la cúpula tiene 43 metros de altura y 23 metros de diámetro. Exteriormente destaca el patio porticado, con una fuente hexagonal y seis alminares (esto último creó cierta polémica debido a que tenía los mismos que La Meca, el centro del Islam, eso se solucionó añadiendo un séptimo alminar en La Meca). Para entrar en su interior hay unas cadenas que hace que agachemos la cabeza para no chocarnos con ella (de esa forma hacemos una reverencia, aunque no queramos), anteriormente nos habíamos descalzado porque es una de las condiciones de entrada, junto a que no se puede llevar el pantalón corto y las mujeres deben cubrirse la cabeza.

El interior de la mezquita es lo que más llama la atención de la misma, los más de 20.000 azulejos de color azul que decoran la cúpula y toda la parte superior nos explican el porqué de su nombre. La mezcla de esos azulejos, junto con las imponentes lámparas de arañas y las más de 200 vidrieras fabricadas en Venecia creaba una atmósfera interior difícil de calificar. Todo ello acrecentado con los adornos y decoraciones de los muros, compuesto por figuras geométricas o vegetales de todos los colores. El mirhab bastante decorado pierde relevancia ante la profusa decoración del conjunto, mientras que el mimbar (púlpito) asciende a las alturas con una escalera de oro, desde allí el imán realiza la oración de los viernes.

En este complejo también podemos encontrar la tumba de Ahmed I, una madrasa (escuela) y un hospicio.

                  

             

Tras visitar la Mezquita Azul, sin apenas tiempo, fuimos a la otra joya arquitectónica, Santa Sofía de Constantinopla, que está a pocos metros, cruzando la plaza Sultanahmet. Santa Sofía o Haiga Sophia, significa Sagrada Sabiduría (Sophia es sabiduría en griego), fue uno de edificios más grandes de su época y si fuera católica actualmente sería la cuarta más grande del mundo. Construida por el emperador bizantino Justiniano en el siglo VI, era claro ejemplo de arquitectura bizantina. En el siglo XIII, durante las Cruzadas, los cristianos la saquearon, llevándose muchos de sus tesoros. Tras la ocupación otomana de 1453 se convirtió en mezquita, muchos mosaicos fueron tapados con yeso y se construyeron cuatro alminares, hasta que en 1934 Ataturk la secularizó, convirtiéndola en el museo Ayasofya.

En el exterior hay restos arqueológicos de la primera construcción, un reloj solar y una fuente. Sin embargo, lo que destaca es su interior, accedemos a un vestíbulo donde ya podemos apreciar bonitos mosaicos como el de María con dos emperadores (Justiniano y Constantino). La sala principal es impresionante, con una cúpula de 56 metros sostenida por 4 arcos sobre columnas. Es un espacio diáfano, a la vez que luminoso, luz que proviene de los ventanales con vidrios coloreados y de unas imponentes lámparas de araña. La decoración es muy variada, en el centro de la cúpula se lee: “Dios es la luz del mundo”, hay ocho medallones caligráficos con los nombres de Alá, el profeta Mahoma, los cuatro califas y los dos nietos de Mahoma. Los mosaicos más impresionantes están en esta sala, destacando la madre con el niño, pero hay bastantes más, por ejemplo, el arcángel Gabriel o los emperadores. Por último, el mihrab, bastante decorado se encuentra junto a un espacio rectangular de mármol que sirve para que los muecines llamen a la oración (este espacio se llama logia).

               

 Tras la visita un tanto apresurada a las dos joyas de la corona (se hizo así porque había menos cola y cabía la posibilidad de que no nos dejaran pasar si íbamos más tarde por estar realizando la oración), nos dejaron tiempo libre por los alrededores. Dimos un paseo por calles cercanas a Santa Sofía, calles estrechas con casas otomanas bastante curiosas, de dos o tres pisos de madera. Recorriendo esas calles en pocos minutos llegamos hasta la entrada al Palacio Topkapi, construcción del siglo XV, que fue la residencia de hasta 22 califas. Se trata de una construcción majestuosa, con 5 kilómetros de muralla, 700.000 metros cuadrados y en el que vivían unas 4.000 personas. No dispusimos de tiempo necesario para visitarlo, una pena (sin embargo, siempre pienso que hay que dejarse algo importante por ver en una ciudad para tener una excusa para volver a visitarla, pues bien, Topkapi será una de las excusas).

Junto al palacio, en una plaza, encontramos la Fuente de Ahmed III, construida en el siglo XVIII, se considera la más bella de Estambul. Tiene cuatro muros, en cada uno de los cuales se sitúa una pila con un grifo. En la parte superior de cada lateral aparece una inscripción caligráfica.

De ahí nos fuimos andando a la Cisterna de Yerebatan, las cisternas son depósitos de agua que se construyeron en la ciudad para que tuvieran reservas de agua en caso de ser atacada (como los aljibes árabes), por eso también se conoce este complejo como el Palacio Sumergido. El agua le llega por una red de canales y acueductos desde unos 20 kilómetros. Su interior tiene grandes dimensiones, forma un rectángulo de 140x70 metros, con 9 metros de altura y cientos de columnas. Se usó como provisión de agua, sobre todo para el Palacio de Topkapi, pero como los musulmanes consideran que no es saludable el agua que no está movimiento durante mucho tiempo solo sirvió para regar los jardines. Por una pasarela se puede recorrer todo el conjunto, observando las peculiaridades del mismo, como dos columnas que tienen como base la cabeza de medusa (ser mitológico que convertía en piedra todo aquel que la mirara). El recorrido por la cisterna fue bastante agradable, primero porque en la calle apretaba el calor y se agradecía entrar en un espacio tan fresco como era este. Segundo, porque el silencio que aquí encontramos era un descanso dentro del bullicio de coches y personas en el exterior. Además, el juego de luces con el que está decorado todo el conjunto lo hace si cabe más especial.

          

Eran las 12:30 y casi habíamos terminado lo programado, nos dejaron libre por la Plaza Sultanhmed hasta las dos (una hora y media, que era demasiado tiempo). Dimos una vuelta y nos fuimos al patio de la Mezquita Azul, donde estuvimos apreciando la construcción, escuchando el salat (llamada a la oración), y descansando pues hacía calor y allí corría un vientecillo que se agradecía. 

Tras esa pausa excesiva nos fuimos a comer cerca de la Plaza, en una terraza dentro de un ambiente agradable y cuando terminamos marchamos hasta la última parada del tour: el Gran Bazar. Allí nos dejaron y acabó la excursión, al igual que la del día anterior dejando unas sensaciones agridulces en cuanto se podría haber realizado y planificado mucho mejor. Entramos por la puerta 1 del Gran Bazar. Es un enclave económico importante, construido en el siglo XV, con Mehmet II, sus 22 puertas, casi 4000 tiendas y unos 45.000 metros cuadrados hace de este uno de los espacios comerciales más grandes del mundo. Orientarse por este espacio es prácticamente imposible, así lo mejor es dejarse llevar y admirar los luminosos escaparates donde se puede encontrar artículos de muchas variedades. Sin embargo, para nosotros el Gran Bazar decepcionó un poco, primero por lo agobiante que era, ya no solo por la cantidad de personas que lo visitaban, sino también, por el ruido que se generaba en este espacio cerrado. Además, no es el lugar ideal en Estambul para ir de compras porque los productos están a precios más caros que otras tiendas del exterior.






Con esa doble decepción marchamos al hotel a recuperar algo de fuerzas y aprovechar la última tarde en Estambul antes de iniciar la ruta por el país. Decidimos adentrarnos en el barrio Fatih, pero a la zona menos turística buscando algún enclave que salía en las telenovelas turcas. Anduvimos por calles estrechas, con casas de clase media-baja, algunas coloreadas y tiendas de barrio. Por aquí se podía apreciar la diversidad que tiene Estambul, si bien nos encontramos con mujeres con el burka había bastante más del estilo occidental. A pesar de ello vimos varios monumentos importantes, como la Mezquita de Fatih, una de las más grandes y bonitas de toda la ciudad. Se construyó para rivalizar con Santa Sofía. Fue afectada por vario terremotos por lo que tuvo que ser reconstruida en el siglo XVIII con motivos barrocos. El interior es más austero que las grandes mezquitas, aunque el patio con su fuente y sobre todo por el pequeño palacete de la tumba de Fatih (destacado sultán) que es muy venerado y visitado.

            

Muy cerca de allí, la sorprendente Mezquita de Hirka-i-Serif, de pequeño tamaño, sin embargo, sorprende por el estilo rococó, con tres puertas de entradas, dos minaretes y un curioso rosetón central. En su interior se encuentra una reliquia de Mahoma (una túnica), aunque solo se puede ver en el mes del Ramadán.

   


Prosiguiendo el paseo llegamos hasta la Iglesia Patriarcal de San Jorge (Hagia Georgios Church), que es la principal catedral ortodoxa de Estambul. Tiene un exterior modesto de estilo neoclásico, destacando su interior con iconos de mosaicos, grandes candelabros o el trono de mármol en el altar. Muy cerca de ella se ubica la Iglesia de Santa María de Blachernae (Meryem Ana Church), iglesia ortodoxa que pasa desapercibida por su exterior poco llamativo, a pesar de contar con un bonito jardín. Se trata de una de las iglesias más antiguas de la ciudad construida cerca de un manantial de agua bendita.
Iglesia Patriarcal de San Jorge (Hagia Georgios Church)

Iglesia de Santa María de Blachernae (Meryem Ana Church)
Ya de regreso volvimos hacia el hotel, observando más de una construcción como la Mezquita de Yavuz Selim, Los Baños de Ayikapi, La Iglesia Ortodoxa de San Nicolás, …

Todo esto nos llevaba a la conclusión que hubiéramos necesitado muchos más días para conocer realmente la ciudad y que solo habíamos visto una parte de ella. Sin embargo, esta puede que sea una excusa para que yo vuelva a visitar la ciudad.

 

Día 4. 22-08-23. Estambul – Bursa - Esmirna.

“Rápido, rápido, que no veo”.

A las 7:00 de la mañana nos levantamos para dar comienzo real al tour por Turquía. Aquí se formó el grupo, compuesto por 28 viajeros, un guía y un conductor. El guía se llamaba Mert y en un principio daba buena impresión. De esa forma abandonamos la ciudad desde la zona histórica para pasar por el Puente del Bósforo, nos despedimos de la Torre de la doncella y nos adentramos en la zona asiática, era más tranquila, organizada y moderna, abundando los edificios de oficinas de varios pisos que se han construido en los últimos 20 años. Nos dirigimos a Bursa, primera parada del tour, en el trayecto pasamos pequeñas poblaciones en las que sobresalían los alminares de las mezquitas.

Bursa: Llegamos a la ciudad sobre las 10:30 horas. Bursa fue la capital del Imperio Otomano antes de Estambul, se encuentra cerca del mar Egeo. Bursa era conocida anteriormente como la ciudad verde. También es un lugar para esquiar en las montañas cercanas. Actualmente tiene tres millones de habitantes. 

En ella lo primero que visitamos fue la Gran Mezquita o Ulu Camii, era una mezquita turca, diferente a las que habíamos visto en Estambul (islámicas). Exteriormente no hay muchas diferencias, es un edificio rectangular con 20 cúpulas que se distribuyen en cuatro filas sustentadas por preciosas columnas que puede albergar a más de 10.000 personas. Se aprecia un alminar de ladrillo debido a que se debió reconstruir por los terremotos que sufre esta zona. Es interiormente donde se aprecian más diferencias, por ejemplo, la fuente o sabil está dentro de la propia mezquita, se dice que servía para socializar y que el sonido del agua de la fuente relajaba mientras se oraba. La decoración es bastante diferente a las mezquitas islámicas, tiene adornos con mayor influencia occidental, dentro de ellos encontramos  motivos geométricos, caligráficos y medallones con los nombres de Alá o Mahoma.

    

     

                        
Junto a la mezquita se sitúa un bazar que visitamos un rato, este no tenía nada que ver con el Gran Bazar de Estambul, se podía pasear por sus calles viendo todo con tranquilidad y sin ruido.
Cerca de estos edificios se ubica el histórico Ayuntamiento, construido en 1879, se trata de una peculiar construcción de madera y ladrillo rojo que le daba un carácter señorial.
                     

Dimos un paseo por la zona, pasamos por la mezquita Gaz Orhan Bey con una fuente bastante curiosa, para adentrarnos en unas calles con casitas peculiares de diversos colores y terminar el recorrido en la Mezquita de Yesil o Mezquita Verde. Construida en el siglo XV, se accede por una preciosa decoración de “estalactitas”, que da paso a un vestíbulo con columnas clásicas (griegas y romanas) reutilizadas. En la sala principal también hay una fuente interior, un palco para el sultán, pero lo que realmente destaca es el gran número de azulejos que tiene de color verde y de ahí su nombre. Toda una delicia.

                  

Junto a la mezquita se sitúa el Monumento o Mausoleo de Yesil (Yesil Türbe), construido por el sultán Mehmet I, se trata de un edificio octogonal cubierto de azulejos azules. Al interior la iluminación llega por ocho ventanas pequeñas. Allí estaba el sarcófago de Mehmet I, decorado con inscripciones caligráficas y motivos florales. El sarcófago de gran tamaño, orientado norte-sur como dice la tradición, estaba acompañado por otros sarcófagos más pequeños que se corresponden con miembros de su familia.

                   
Después de esta visita nos fuimos a comer, comida tipo buffet bastante buena y en seguida emprender un largo viaje hacia un nuevo destino Esmirna.

Esmirna o Izmir en turco. También podíamos llamarle la ciudad que no vimos porque cuando llegamos era de noche. Esmirna es una ciudad de casi 4 millones de habitantes, ciudad de época helenística, que se sitúa a orillas del Egeo y es considerada como uno de los lugares más abiertos cultural y políticamente de Turquía. Al llegar apreciamos en poco espacio dos zonas contrapuestas, una zona deprimida con abundantes chabolas para una población de clase baja y unos cuantos metros más allá una zona turística y comercial con bloques de pisos y edificios de clase media-alta.

La ciudad es un punto turístico importante, sobre todo por sus playas, siendo un lugar donde muchos jubilados turcos vienen a instalarse. Estaba atardeciendo cuando llegamos, a pesar de ello se notaba que el Egeo estaba algo embravecido. El viaje por la ciudad camino del hotel fue algo accidentado debido a que el autobús rozó el techo en un puente por el que quería pasar, teniendo que dar marcha atrás, aunque todo quedó en un susto y no sufrimos mucho retraso. El Hotel Blanca estaba bien ubicado, nos recibió un gato en la entrada del mismo, hotel bueno que casi no nos dio tiempo a deshacer las maletas pues a la mañana siguiente lo abandonaríamos.

Tras cenar (cena buffet) e instalarnos nos fuimos a dar una vuelta por el paseo marítimo de Esmirna, paseo que estaba a unos 15 minutos andando desde el hotel. Bonito recorrido con una temperatura agradable, que no duró mucho pues era ya algo tarde y al día siguiente teníamos que madrugar y abandonar Esmirna, algo que podría haber cambiado y al menos por la mañana haber disfrutado de algunas de las playas de la zona.

        



Día 5. 23-08-23. Esmirna – Éfeso - Pamukkale.

Éfeso: “Mucho calor y muchas piedras por el suelo”

Pamukkale: “Cascadas cascadas, decepcionó Cleopatra, imponente paisaje”

La salida de Esmirna o Izmir la hicimos a las 7:30, a esta hora la temperatura era muy agradable, más teniendo en cuenta que las previsiones eran de mucho calor en las horas centrales del día. Abandonamos la ciudad que nos quedamos con ganas de haberla visto más y mejor.

Éfeso. Sobre las 9 de la mañana llegamos a la ciudad de Éfeso, situada en la zona de Pérgamo, con más de 10.000 años de antigüedad. Uno de los mayores atractivos es la mezcla de dos culturas: griega y romana, así es un privilegio poder disfrutar en un mismo espacio de esas dos. Esta zona también es conocida porque cerca de allí se encuentra la Casa de la Virgen María (no se puede visitar porque está en las montañas).

En la entrada a la ciudad, en lugar de gatos había perros sueltos, muy mansos y tranquilos. Desde un primer momento podemos apreciar lo monumental de Éfeso, realizamos un paseo que se hizo demasiado rápido. Los primeros edificios que encontramos fueron el ágora o plaza pública y el gimnasio de época romana. Fue precisamente durante el periodo romano la época de mayor esplendor de su historia, llegando a tener 25.000 habitantes. Todo el complejo está bastante bien conservado, a pesar de los cuatro terremotos que ha sufrido.

    

Tras ver los primeros edificios y una multitud de columnas de todos los estilos clásicos: dórico, jónico y corintio bien conservadas pasamos por el Boleuterion, lugar de reunión, de las asambleas o consejos, además de ser utilizado para representaciones teatrales y conciertos. Tiene una configuración semicircular, construido alrededor del año 100 a.C. Al oeste del boleuterion se situaba un templo dórico peristilo y el Pritaneo, edificio que servía de residencia a alguna persona importante de la ciudad.

         


Proseguimos el paseo entre columnas, frisos, diferentes tipos de relieves para llegar al Templo de Domiciano, construido en el siglo I en honor al emperador Domiciano, pero tras su muerte el templo pasó a dedicarse a la familia Flavia (la misma que construyó el coliseo de Roma).

           

                


Tras ver un precioso relieve de la Diosa de la Victoria, Nikei, cruzamos la Puerta de Hércules, que según la tradición hay que pedir un deseo al pasar por ella.

                                                  

Continuamos el paseo viendo obras como la Fuente de Trajano, llamativos mosaicos, la Academia (escuela) y las letrinas (lugar utilizado para socializar y mucho más). Evidentemente las letrinas o baños tenían que estar cerca de la escuela.

 

Un edificio curioso que vimos, el Heroon de Andoclos, un Heroon es una especie de santuario donde se rinde culto a un personaje, en este caso al mítico fundador de la ciudad de Éfeso, Andoclos. Edificio con una fachada dórica y el resto del edificio jónico, esa mezcla de estilos es muy difícil de ver en edificios de época clásica.

Tras cruzar la Puerta de Trajano, llegamos a uno de los principales edificios del complejo, la Biblioteca de Celso, construida entre el año 110 y 100 d.C. construida por Aquila para su padre, el senador Celso. Tiene una portada espectacular, recordaba un poco la scena del teatro de Mérida, (tomamos unas fotos estupendas), mezclando también órdenes, se accede al pórtico a través de nueve escalones, mientras que en el vestíbulo detrás de la portada se ubicaba la librería. En el año 117 Celso fue enterrado en la Biblioteca, por lo que también se puede considerar como un sarcófago.

     

De allí nos adentramos en las llamadas Casas del Placer, utilizadas para la prostitución en época romana, destacando tres casas.



Cerca de allí se encuentra la construcción más monumental del conjunto, el Teatro de Éfeso, un teatro romano que podía albergar a más de 20.000 personas (el más grande de Turquía). Se encuentra muy bien conservado, con una cavea o graderío que aprovechaba la fuerte pendiente de la colina. A diferencia del teatro griego, la scena es de mayor altura por lo que la acústica era mucho mejor, tiene tres pisos y llega hasta los 18 metros de altura.

               


Proseguimos por la calzada camino de la salida de la ciudad. Antes, al noroeste del teatro se divisaba los restos de otro gimnasio, con el que pusimos punto y final a un lugar lleno de historia y que ha valido la pena visitar, a pesar de las prisas, el poco tiempo para disfrutarlo y el fuerte calor que sufrimos.

Curtido de pieles. Tras dejar Éfeso nos dirigimos a una fábrica del curtido de pieles que estaba bastante cercana. Sin embargo, no vimos nada del proceso de elaboración de las pieles y si un desfile de modelos con ropa de pieles que allí hacían. El objetivo era que compráramos. Considero que es una actividad totalmente prescindible e innecesaria que no aporta mucho, más cuando no vemos nada del proceso de elaboración, unido a que en un viaje tan denso hay cosas que no podemos ver por falta de tiempo.

Desde allí, a pocos metros se sitúa el hotel Ephesus Hitit, donde comimos a las 12 de la mañana. A pesar de la hora comimos bastante bien (tipo buffet) para partir hacia el siguiente destino que estaba a unas cuatro horas: Pamukkale.

Pamukkale. Es una localidad situada en la mitad occidental de Turquía, célebre por sus aguas termales ricas en minerales que emanan de terrazas de roca blanca. Linda con Hierápolis, una antigua ciudad balneario que se fundó alrededor del año 190 a. C. y que visitaríamos. Llegamos a Hierápolis a las 17:30 horas y nos dieron dos horas libres para visitarlo. La zona llama poderosamente la atención por la roca blanca, pero no sólo es eso, también hay muchas ruinas, destacando un teatro bien conservado y una necrópolis con sarcófagos que se extiende a lo largo de 2 km. La piscina termal (piscina de Cleopatra) es famosa por sus columnas romanas sumergidas a consecuencia de un terremoto.

Las travertinas, una de las formas de acumulación kárstica y especialmente ubicadas en Pamukkale, Denizli, tienen un lugar importante a nivel mundial. Estas travertinas, también conocidad como "Paraiso Blanco" son uno de los 18 lugares incluidos en la Lista del Patrimonio mundial de la Unesco.

   
   


Sin embargo, suele ocurrir a veces que cuando las perspectivas son elevadas y no se cumplen llega algo de decepción, creo que es un poco lo que pasó aquí. Decepcionó un poco el ver las cascadas masificadas, resbaladizas, no había cascadas sino pequeñas lagunas de escasas dimensiones y poca profundidad, mientras que la piscina también se esperaba mejor. A pesar de ello, caminamos por las cascadas, algo peligrosas, pero con un paisaje natural espectacular y diferente, con vistas al valle y a Pamukkale. Aprovechamos también el tiempo para visitar los restos arqueológicos griegos y romanos, como un teatro bien conservado, un museo en el que podemos observar muchos restos en muy buen estado de conservación, hay: ánforas, sarcófagos, estelas funerarias, altares, esculturas, columnas, relieves, monedas, … toda una delicia poder contemplar estos restos con poca gente, puesto que el 99% de las personas estaba en el paraiso blanco.



    

  


Al abandonar el complejo el Sol se estaba poniendo entre las nubes, ese atardecer unido al color blanco de la piedra daba como resultado un paisaje excepcional. Abandonamos Hierápolis por la Puerta sur bizantina con un sabor agridulce, esperando algo más, pero sin obviar la belleza natural del entorno, a lo que había que sumar una temperatura muy agradable.


   

Desde aquí nos fuimos al Hotel Colisseo, que hacía honor a su nombre, era un complejo enorme en medio del campo, pero con grandes espacios en su interior: piscina, spa, gimnasio, sala de juegos, terraza, …

Como llegamos a buena hora nos dimos un baño en la piscina, más que nada por utilizar el bañador (algo que no habíamos hecho en Hierápolis). Después del baño, cena tipo buffet, en donde destacaban la gran variedad de postres que había (una perdición). Tras la cena relax en la piscina, con espectáculo incluido y a descansar puesto que el siguiente día se preveía como el más duro del circuito, con mucho recorrido en bus.

 

Día 6. 24-08-23. Pamukkale – Konya – Capadocia.

“Palacios, cuevas, cristianos”

Abandonamos el Hotel Colisseo como gladiadores a la espera de otro combate. Aquí también pudimos observar que hay viajes en globos, pero era mejor hacerlo en la Capadocia.

El viaje fue bastante largo, haciendo una parada en una de las ciudades que se encontraban en la Ruta de la Seda, ruta que unía el Viejo continente con las Indias.

Konya. Paramos a comer en el Hotel Anatolia, bastante bien, para visitar un Caravansarai (Palacio de caravanas, sarai en turco es palacio), este caravar, Han o Palacio es del siglo XIII servía para que se hospedara Alaeddin Keyk Bad I en la ruta de la seda. Estas construcciones desde el siglo X formaban parte de un sistema de alojamientos, cuidados y abastecimientos cada 30 kilómetros que eran utilizados por caravanas que realizaban trayectos largos, con objetivo comercial, militar o peregrinaje religioso. Estas construcciones son los antecesores de los modernos y actuales hoteles de carretera. Los que se hospedaban tenían durante tres días alojamiento y comida gratuita. El palacio destaca por su entrada monumental de mármol con motivos geométrico, varios adornos y un arco con una inscripción.  Es un recinto amurallado para protección. En su interior un gran patio, con una mezquita en el centro y alrededor de ese patio se distribuían un gran número de estancias: habitaciones de verano, habitaciones de invierno, zona porticada para resguardar los animales, talleres, comedores, … En su interior actualmente se ubica el hotel Kebab Saray.

   


 


Capadocia. Ciudad de cuevas. Tras Konya marchamos a la Capadocia (significa lugar de caballos bellos) para ver una de las múltiples cuevas que podemos visitar. Son cuevas ocultas, excavadas en la roca donde los primeros cristianos se escondían al ser perseguidos por los romanos entre los siglos III y IV., aunque fueron los hititas (pueblo de Asia) los primeros en construirlas, luego los cristianos la ocuparon y ampliaron (se cree que entre unos y otros los troyanos también las utilizaron), Se supone que en el siglo III unos 300 cristianos se refugiaron en estas cuevas, que con el tiempo fueron aumentando mucho, estimándose que llegaran a ser 30.000 los que eligieron vivir en ellas.

Llegamos a media tarde a visitar una de esas (Cueva de Serhatli), recibiéndonos un gran número de mujeres de la zona que estaban en puestos vendiendo a un euro unas muñecas que ellas mismas elaboraban (era algo violento pasar por esos puestos con esa oferta que nos hacían las mujeres y los niños, los hombres están en casa descansando), curiosamente provienen de una rama del chiismo que no entra en las mezquitas porque dicen que allí fue asesinado su líder Alí (yerno de Mahoma).

Las cuevas interiormente impresionan más por lo que imaginamos que por lo que vemos, contaban con varios pisos de profundidad, algunas pueden llegar a tener hasta 20 pisos. En el más superficial era reservado para los animales, almacenar el trigo y otros productos, agujeros que daban al exterior para proporcionarle oxígeno. Adentrándonos en la cueva, observamos que contaban con capillas, comedores (refectorios), cocinas, estancias, mientras que el piso más profundo era reservado para los enterramientos (necrópolis). Aquí vivieron ocultos casi doscientos años, sin salir al exterior los primeros cristianos, solo lo hacían algunos una o dos veces al día para recolectar frutos y obtener alimento. Crearon un sistema muy elaborado con túneles interconectados para poder escapar en caso de ser descubiertos. Resistieron e idearon este sistema porque el miedo les hizo pensar. Evidentemente las condiciones de vida en las que vivieron eran muy malas (falta de vitamina D), por ello la esperanza de vida era bastante baja. Toda una experiencia estar dentro de una de esas cuevas, sin duda.

 

Al salir volvimos a pasar por ese pasillo de la vergüenza con aquellas mujeres ofreciendo las muñecas, que algunos compraron, lo hicieron para ayudar más que por el producto.

Esta fue la última visita del día, desde aquí marchamos al Hotel Monark, bastante bien, pero sin llegar al Colisseo, disponía de piscina interior y exterior, restaurante correcto, habitaciones amplias y sobre todo una tienda situada estratégicamente junto a los ascensores que fue un lugar de paso para muchos (algunos y algunas entraron más en esa tienda que en mezquitas en todo el viaje).

Cenamos, cerramos la excursión del día siguiente (viaje en globo) y nos fuimos a descansar porque el cansancio era importante y había que madrugar bastante.

 

 Día 7. 25-08-23. Capadocia.

“Globos, cuevas, valles, compras”

Viaje en globo. La mayoría del grupo optaron por realizar el viaje en globo, otros optaron por tomar un taxi e irse al valle donde observar la zona de los globos (salieron muy temprano, a las 4:45 y presenciaron un espectáculo fenomenal, iluminándose los globos como farolillos y viendo el amanecer).  A nosotros nos recogieron a las 5:30 horas, aún de noche, nos fuimos en minibús a la zona de despegue. En unos 20 minutos ya observamos las decenas de globos que surcaban el cielo.  Al llegar nos dieron un tentempié (zumo, agua y un dulce). Tras ver con algunos nervios el proceso previo aparecieron los primeros rayos del Sol y nos subimos al globo (no había puerta y había que subir saltando) en una cesta dividida en compartimentos de 4 personas, en total íbamos 28 personas.

El despegue fue bastante suave, el día sin apenas viento era ideal para la actividad, así nos íbamos desplazando sin apenas notarlo. Las vistas, con los primeros rayos del Sol, eran sencillamente espectaculares, vemos los valles con las caprichosas formaciones rocosas, se aprecian las cuevas en las montañas cercanas y las famosas chimeneas de hadas, especie de gran columna natural, formación rocosa de lo más peculiar, con materiales más duros sobre los que se han asentado otros sedimentarios y en la parte superior otros más duros. Estas formaciones, que en la zona le llaman Kalelar (castillo), varían mucho de tamaño y algunas pueden llegar a los 40 metros de altura. Nos acercamos mucho a varias de ellas, demostrando la pericia del piloto del globo. Esas chimeneas, con el color del amanecer, los colores ocres y amarillentos del paisaje hacen de todo el entorno algo digno de ver.

Sin apenas darnos cuenta el globo se elevaba, llegando a los 900 metros como máximo, descendimos para terminar el viaje, el aterrizaje es el punto más conflictivo, hay que agarrarse y agacharse porque el impacto de la cesta con el suelo es algo violento. Tras estabilizarlo, bajamos del globo sin dificultades (salvo Rosaline que tuvo que ser ayudada por varios operarios creando una escena bastante graciosa) y brindamos con champán recibiendo cada uno un diploma por el viaje.

Regresamos al hotel con la hora justa para desayunar y montarnos en el autobús para seguir viendo la Capadocia.

  

   


Göreme. La primera parada fue en el Valle de ese nombre, donde visitamos el Museo al aire libre de Göreme, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata de un complejo monástico, creado por San Onofrio, Santo Tomás y San Basilio entre los siglos IX y X, aunque los primeros asentamientos datan de los siglos III y IV, como las cuevas que vimos la tarde anterior. Aquí, las diversas construcciones excavadas en las rocas sobresalen con las pinturas de sus muros. Entre ellas destacaban:

-      Nada más entrar a la izquierda llama la atención una masa de roca de varios pisos, es conocida como “Las Monjas”, complejo de varios niveles con iglesias, pero no se puede entrar por peligro.

  

-      Iglesia de la sandalia (Carikli), con un destacado fresco interior de la traición de Judas. Su nombre se debe a un dibujo de una huella de Jesús o a las cavidades parecidas a huellas de pies.

-      Iglesia de la serpiente (Yilanli), la parte delantera es abovedada y la trasera plana, cuenta con frescos de San Jorge y el dragón, de emperadores como Constantino el Grande o de santos.

-      Iglesia de la Santa Bárbara, iglesia del siglo XI con decoración de motivos geométricos, símbolos militares y animales mitológicos.

-      Iglesia de la manzana (Elmali), es una de las más importantes de la zona, se trata de una iglesia del siglo XI-XII, con tres ábsides y cuatro columnas, tiene importantes frescos que narran escenas de la Biblia, de la vida de Jesús o de Abraham. Se llama así la iglesia porque antes había un manzano en la entrada.

-      Iglesia oscura (karanlik), es una de las más destacadas del museo (hay que pagar para acceder a ella). Se llama así por las escasas ventanas y falta de luz que tiene, algo que ha provocado que las pinturas se conserven mucho mejor. Los frescos con colores muy vivos representan diversas escenas de la Biblia.

-      Refectorios (comedores), hay casi una docena de ellos, cada uno asociado a una iglesia.

-      Palomares. Las palomas fueron muy importantes en la época de la ocupación de las cuevas por los cristianos, servían para varios cometidos: para comunicarse, como alimento y como abono (por sus excrementos).

 

   

Visita a una joyería. Tras ver el Museo nos fuimos a otra visita promocional. Fuimos a una tienda de elaboración de joyas con diferentes tipos de piedras, donde, aunque hubo una explicación mejor que en el curtido de pieles, estaba claro que el objetivo es la venta de sus productos.

Valle de Devrent. Después del paréntesis de la joyería, visitamos Devrent, cerca de Ürgup, también conocido como “El Valle del dromedario”, llamado así por una formación rocosa que se asemeja a ese animal. En ese valle no vemos ni cuevas ni iglesias, sino las caprichosas formas de las rocas que le confieren al conjunto un lugar casi mágico en el que apenas hay vegetación y mucha tierra por lo que había que pisar con cuidado. En este valle las chimeneas aparecen aisladas o formando conjuntos. Me adentré por ellas, mientras el grupo se quedaba en la zona de recreo, creía que se acabarían pronto, pero conforme avanzas te das cuenta que cada vez hay más, algunas con colores rosáceos o dorados, otras parecidas a animales (por eso también se dice que este es el valle de la imaginación), quizás es lo más cercano que he estado a un paisaje lunar. Toda una experiencia que fue demasiado corta, me hubiera gustado adentrarme más en él, pero el tiempo que nos dieron era muy limitado.

  

Tras visitar esa joya natural nos fuimos a comer a otro lugar con encanto, el Restaurante Hanedan, ubicado en un antiguo caravansaray (Palacio de caravanas), como el que visitamos en Konya, la portada era prácticamente idéntica, mientras que el interior, aunque reformado, aún conservaba la esencia del antiguo palacio. Allí comimos en una de las estancias palaciegas en un ambiente agradable como si de caravaneros por la Ruta de la Seda fuéramos (un largo camino, aunque fuera en autobús si llevábamos). Otra buena experiencia, a pesar que la comida no estuvo muy allá.

Visita a los valles. Aprovechamos la tarde para terminar de ver la Capadocia desde diversos puntos donde observar todo el paisaje. Entre ellos destacó el Valle de las Palomas, debido a los palomares artificiales que han provocado que existan gran número de estas aves (incluso podías comprar vasitos de granos de trigo para dárselos a las decenas de palomas que existían). Desde aquí, el valle entre Göreme y Uchisar se divisaba espectacular, sobre todo con las típicas formaciones de la región que desde este punto se apreciaban en un buen número.

En los miradores llamaban la atención los árboles con muchos ojos turcos (adorno en forma de gota plana con un ojo), utilizados como amuleto contra el mal de ojo en Turquía. También se sitúan en los marcos de las puertas para que el Sol de la mañana les quite las malas energías y les de prosperidad.

Existían otros árboles decorados de otras formas, como objetos cerámicos o plásticos, considerados como árboles de los deseos.

  
   

Visitamos varios miradores con vistas a distintos valles, desde uno de ellos se apreciaba el Castillo de Uchisar, que destacaba al situarse en un promontorio. Se trataba de una fortificación que se utilizó como fortaleza defensiva. No pudimos acercarnos al castillo por falta de tiempo, una pena y más cuando en lugar del castillo nos fuimos a otra visita promocional (es lo que tiene ir en un viaje totalmente organizado).

Visita a una fábrica de alfombras. Como en las anteriores, un objetivo es que realizásemos algunas compras, en este caso fue un poco más interesante que las otras, al menos vimos a una trabajadora elaborando a mano una alfombra, dándonos información bastante interesante del tiempo de elaboración, trabajadores, materiales, … (pero hubiera preferido ir al castillo).

Desde allí regresamos al Hotel Monark, a una hora adecuada para relajarse un poco antes de cenar. Por la noche había varias opciones:

-      Algunos disfrutaron de una noche turca, les recogieron y se marcharon a un local donde poder degustar productos turcos y asistir a un espectáculo típico del país, era buena opción, aunque que se haga el mismo día que el viaje en globo provocó más de un rechazo.

-      Otros se quedaron en el hotel, de forma relajada.

-      Muchos nos fuimos a pasear por los alrededores, no había mucho que ver, sólo alguna mezquita, pero descubrimos uno de los grandes desconocidos del viaje: los supermercados, allí compramos productos típicos como delicias turcas a un precio excelente.

Tanto los de la noche turca como nosotros llegamos no muy tarde porque el día había sido muy largo y el cansancio comenzaba a hacer mella.

 

Día 8. 26-08-23. Capadocia – Ankara - Estambul.

“Sal, capital, Ataturk, regreso”

Por la mañana abandonamos la Capadocia, lugar que ha valido la pena visitar, para encarar la recta final del viaje. El destino era Ankara, antes de llegar a la capital del país hicimos una parada bastante breve en Tuz Golu el lago de sal o lago salado, es la mayor acumulación salina de Turquía y el segundo mayor lago del país. Llega a tener 48 kilómetros de longitud, pero no mucha profundidad (no supera los dos metros), por lo que en verano pierde mucha agua, quedando un paisaje blanquecino de la sal que se extiende por cientos de metros y es la que podíamos apreciar. Esta zona ha sido declarada zona protegida, sobre todo por ser lugar de paso de un gran número de aves migratorias como los flamencos que aparecen en las letras de entrada al lago.

   

Otro sitio con demasiado poco tiempo para disfrutarlo como se merece. Tras él emprendimos viaje a la capital del país.

Ankara. Ciudad de unos 5 millones de habitantes, antigua Angora, un pueblo de unos 15.000 habitantes, pero hace justo un siglo Atatürk, la puso como capital y comenzó a emerger.

En Turquía hay tres cosas sagradas para los turcos: la familia, la bandera y Atatürk (las banderas y la imagen de Atatürk están por todos los puntos del país). Mustafá Kemal Atatürk es el padre de la Turquía moderna, quién convirtió el Imperio Otomano en República tras la Primera Guerra Mundial. Por ello es venerado en todo el país por unanimidad (lástima que en ese tiempo en España no tuviéramos un Atatürk y si sifrimos una dictadura con Primo de Rivera). Llega hasta tal punto la veneración que el día y la hora de su muerte (10 de noviembre a las 9:05 horas) se detiene todo el país para recordarlo. Quiso romper con el Imperio Otomano y por ello consideraba que incluso la capital debía cambiar, por ese motivo no la situó en Estambul y si en Ankara, para demostrar que era un nuevo régimen. En su honor se erigió un gran mausoleo que es el mayor monumento de Ankara: Anitkabir.

Anitkabir (significa tumba conmemorativa) se construyó en la conocida como “Colina de Observación”, una elevación del terreno con vistas a la ciudad. Tardaron 9 años en su construcción (1944-1953). Se trata de un gran complejo, con un paseo, una plaza ceremonial donde se sitúa la tumba y un parque que rodea todo.

Anıtkabir, que se compone del Camino de los Leones, el Terreno Ceremonial, el Mausoleo y diez torres en un área de 750 mil metros cuadrados, se ubica a una altura de 907 metros.

El Camino de los Leones de unos 300 metros flanqueado por 24 leones que indican que este camino estará vigilado las 24 horas del día. (Avenida de los Presidentes)

La tumba de Atatürk se halla en la habitación de sepulcro debajo de cerca de 7 metros del sarcófago simbólico construido de un monolito de mármol de 40 toneladas. En el centro de la habitación se encuentra un sarcófago de mármol rojo. El sarcófago de mármol está rodeado con jarrones de latón en los que se pusieron tierras enviadas de todas las ciudades de Turquía y de la República Turca del Norte de Chipre. Por eso, Atatürk duerme en la “tierra de la patria” en la habitación de sepulcro octogonal.

Las escaleras, que alcanzan el mausoleo, tienen 42 pasos para simbolizar la Batalla de Sakarya que duró 21 días y 21 noches. A la derecha de las escaleras se dibujan un joven, dos caballos, una mujer y un hombre. Estos abandonan sus viviendas para defender la patria contra los asaltos de los enemigos en el primer período de la guerra. A la izquierda de las escaleras se esculpe un grupo compuesto de una aldeana, un niño y un caballo para simbolizar el período de preparación a la guerra a nivel nacional.

Los soldados de la guardia a la entrada de la Plaza, justo al subir las escaleras, aguantaban estoicamente el calor que hacía, fotografiándose mucha gente con ellos (asistimos a un cambio de guardia).

Junto a la tumba del fundador de la república, se encuentra un extenso museo que expone objetos personales suyos, así como una gran exhibición sobre la guerra de independencia turca en la parte de abajo.

El Parque de la Paz rodea todo el monumento conmemorativo. El parque es la materialización de la famosa palabra de Atatürk “Paz en casa, paz en el mundo”. Para el parque se trajeron árboles y plantas de 24 países y de distintas zonas de Turquía.

 
    

Con poco tiempo para disfrutar del recinto lo abandonamos y nos fuimos a comer a un lugar cercano, el Restaurante Hacibey, donde comimos como casi siempre una sopa de primero y carne de segundo.

Tras la comida marchamos hasta el final del tour hacia Estambul, la idea era llegar antes de las 18:00 horas a las afueras de la ciudad, para evitar de esa forma el tráfico intenso. No pudo ser posible, porque eran demasiados kilómetros, además tuvimos que dar marcha atrás en plena autopista por saltarnos una parada (ante la mirada de la policía que incomprensiblemente no hizo nada) y otro amago de avería en el bus (empezó a salir humo del motor, nos detuvimos, pero todo quedó en un susto).

Con todos esos sucesos, llegamos al punto final del tour, después de casi 3000 kilómetros llegamos de nuevo a Estambul. Nos despedimos del puente del Bósforo, la Torre de la doncella, Galata, …

Volvíamos al mismo hotel del que partimos, ya prácticamente de noche, nos instalamos y salimos a dar una vuelta y cenar puesto que, aunque madrugábamos mucho ya no íbamos a ver nada al día siguiente, solo era el viaje de regreso.

Los horarios de este viaje (la ida por la tarde y la vuelta por la mañana temprano) hicieron que el tour, en lugar de 9 días se quedaran en menos, puesto que no se aprovecharon ninguno de esos dos días.

 

Día 9. 27-08-23. Estambul – Madrid.

“Fin”

Abandonamos a las 6 de la mañana el hotel, puesto que el vuelo partía a las 10:00, así nos fuimos de la ciudad casi sin amanecer para que no se diera cuenta. El viaje de vuelta sin incidencias, ponía punto y final al tour por Turquía.

 

CONCLUSIONES, REFLEXIONES Y DEMÁS.

Como conclusión podemos decir que el viaje ha sido muy positivo a pesar de aspectos que se han podido mejorar.  Como análisis final comentar:

-      Mert, el guía desde que salimos de Estambul, podemos calificarlo de bueno, cumplió con lo establecido y se cumplió con lo planificado. Sin embargo, creo que podría haber sacado mayor rendimiento a un grupo como el que éramos. Le faltó conectar con el grupo al 100%.

-      El conductor fue caso aparte, bastante desagradable desde el primer día hasta el último.

-      El grupo fue de lo más positivo del viaje. Creo que no hubo ningún problema a destacar entre nosotros y se notaba que había buen ambiente (un ejemplo claro es que te podías a sentar a comer con cualquiera sin problemas). Más de una amistad ha surgido en el viaje.

Otros aspectos que me he dado cuenta de la vida en Turquía han sido:

-      Turquía es el país con más turcos del mundo.

-      Por todo el país puedes ver banderas turcas, mezquitas e imágenes de Ataturk.

-      Turquía es el mejor país para vivir y hablo en nombre de todos los gatos y perros del mundo. Hay como una especie de guerra entre ambos (Estambul es claramente de los gatos, mientras que las zonas rurales, aunque hay gatos, parecen dominar los perros).

-      Un euro son 29 liras turcas (al principio no te enteras muy bien del cambio, pero en una semana era ya casi experto).

-      En Turquía comí auténticos Kebab, a partir de ahora los de España los llamaré “Que va” (no tienen nada que ver).

-      El tráfico es muy complicado por todo el país, pero moverse en auto por Estambul es una odisea, podemos decir que era un caos organizado, a pesar de ello no se estresaban lo más mínimo. Expertos en dejar pasar a otro o en realizar la marcha atrás (como inventen una competición de conducir marcha atrás, Turquía es campeona del mundo).

-      Las carreteras también eran muy peligrosas por la forma de conducir que tenían y eso que nosotros siempre fuimos por autopistas, no quiero ni imaginar como serán las carreteas secundarias.

-      Cruzar calles con semáforos tiene su norma: no debes mirar el semáforo, mira los coches, si se paran pasas y en ese momento miras el semáforo: rojo, pasa rápido, verde, puedes ir tranquilo. Si te quedas esperando con el semáforo en rojo mientras los coches están parados van a saber que somos españoles.

-      Del idioma turco hemos aprendido algunas palabras: Günayden: Buenos días, Cemii: mezquita, Saray: palacio y sobre todo dos: Giris: entrada y Ciris: salida, creo que hasta aquí llega el repertorio, así cuando me preguntan si he aprendido mucho turco, yo digo que hay más turcos que han aprendido español conmigo.

-      Por último, está claro que, si un turco no sabe nada de español, aunque le hables muy lento y vocalizando mucho seguirá sin entenderte, así que no te esfuerces.

       De esta forma termina un viaje que para mí fue muy especial porque, aunque espero que no sea el último que realice, sí será el último en unas condiciones que me acompañaron durante muchos años, pero como dice una canción: "Y no me importa si es mentira todo, lo que vivimos nadie nos lo va a quitar".

 

 



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