VISITA A LISBOA. Octubre 2022 (Los Santos)
Día 1. Viernes. Comenzamos el viaje para volver a visitar a
Lisboa, la ciudad de la luz. Salimos a mediodía, justo al terminar las clases.
El viaje fue bastante cómodo, salvo un problemilla en el peaje, llegamos a
Lisboa a una hora prudente. Como siempre, nos recibía el Cristo Rei, que dejamos a la derecha para pasar
por el puente 25 de abril (uno de los puentes colgantes más grandes del mundo)
y llegar al Hotel Ibis Alfragide sin pérdida alguna (algo totalmente inusual).
Después de alojarnos decidimos visitar Belem. Cogimos
un taxi y nos dirigimos hacia allí ya cuando la tarde estaba agonizando. Estuvo
muy bien porque era una forma distinta de ver todo el complejo (al atardecer).
Lo primero que visitamos fue la Torre de Belem, que se erige a orillas del
río Tajo, construida en el siglo XVI, primero fue una torre defensiva y luego
punto de partida de las expediciones portuguesas a otros continentes.
A pocos metros se sitúa el Monumento a los Descubrimientos,
realizado para la Exposición del Mundo Portugués de 1940, tiene forma de
carabela, entre la que destacan los dos escudos del mástil y más de una
treintena de figuras, entre la que sobresale el infante don Enrique, que se
alza en la proa.
A continuación atravesamos la Praca do Imperio,
donde está dibujado en el suelo un enorme mapamundi con las fechas y
descubrimientos realizados por las expediciones portuguesas, para llegar al Monasterio
de los Jerónimos (no pudimos entrar debido a la hora tardía), observando
de nuevo la fachada principal con elementos renacentistas y manuelinos, así
como símbolos naturalistas.
Dejamos el complejo porque el atardecer se cernía
sobre el estuario, aunque aprovechamos la ocasión para visitar la famosa Pastelería
Belem, que estaba cerca y degustar los pasteles de receta secreta. Justo al lado, cenamos
(pescado) y regresamos al hotel a descansar.
Día 2. Sábado. Nos levantamos temprano para aprovechar el
día, aunque las previsiones meteorológicas eran muy malas (mucha lluvia), al
menos el día comenzó únicamente nublado.
Comenzamos por el centro de Lisboa en la Plaza
Rossio, corazón de la ciudad, en cuyo centro se encuentra la escultura de
Pedro IV, una maravillosa fuente y a un lado el Teatro Nacional doña María II.
Continuamos por la Rua Augusta, observando el elevador de Santa Justa,
para llegar al Arco Triunfal de Rua Augusta, con las estatuas de Vasco
de Gama y el Marqués de Pombal. Tras el Arco, llegamos a la Praca de
Comercio, preciosa plaza que por lo temprano de la hora estaba casi desértica.
Esa amplia plaza con la escultura ecuestre del rey José I en el centro, se
presenta abierta al río Tajo, lo que la hace aún más peculiar. Aquí desecharemos la idea de realizar un Free Tour (uno completo y otro demasiado tarde).
A continuación, realizamos un paseo por el Barrio Alto, la temperatura era agradable, pero estaba comenzando a llover, fuimos al mirador de Santa Catalina, donde destacaba la estatua de Adamastor, un gigante mitológico que protagoniza un episiodo de Lusiadas del escritor Luis de Camoes donde se enfrenta en el mar a Vasco de Gama para impedirle llegar al Océno índico.
De allípasamos por el Pink Street o calle rosa (lugar de marcha con las secuelas de la noche anterior que estaban siendo borradas por el servicio de limpieza). Como la lluvia apretaba y necesitábamos un descanso entramos en una cafetería para una parada corta que se extendió mucho más de lo esperado puesto que la lluvia arreció de forma fuerte durante al menos dos horas.
Una vez que amainó la lluvia, volvimos a la ruta,
pasando por la Plaza Luis de Camoes, el Convento do Carmo hasta la Catedral
de Lisboa (La Sé), edificio románico del siglo XII que ha resistido a
incendios, guerras y terremotos. La idea era visitar el interior pero el retraso de la lluvia hizo que no fuera factible.
De ahí, nos dirigimos al centro para comer, lo
hicimos en un restaurante típico portugués (comí el frango). Tras la comida, visitamos
el Chiado y el Barrio Bajo, visitando algunas plazas bastante curiosas
(como la Plaza de Figueira con sus curiosas casa con buhardillas) y
varias iglesias como: la de los italianos, o la Iglesia de Nuestra Señora de
los Martires (iglesia católica de estilo neoclásico y barroco). Sin embargo,
la que más me gustó fue la Iglesia de San Roque, de estilo manierista y barroca,
es una de las primeras iglesias jesuitas.
De esta forma, nos despedimos del centro de Lisboa,
cogimos un taxi, cuyo taxista era un fan del Benfica en una tarde que jugaba su equipo y nos tuvimos que comer todo el atasco por el partido en el Estadio da
Luz, puesto que estaba en nuestro recorrido. Nos llevó a un centro comercial, donde
poder hacer algunas compras, cenar y terminar el día con mejores previsiones
meteorológicas de lo esperado, puesto que no volvió a llover por la tarde. De allí al hotel y descansar.
Día 3. Domingo. El último día dejamos el hotel y cogimos el coche para aparcar por la zona de Belem, en la que no había problemas de estacionamiento. El día estuvo fenomenal, parecía como si Lisboa nos quería recompensar del día anterior, saliendo con una luz y un sol espléndidos (hacía calor y estuvimos en mangas cortas). Tras volver a recorrer la Torre de Belem y el Monumento a los Descubridores decidimos ir hasta el centro a pie, hasta el Castillo de San Jorge.
El recorrido estuvo fenomenal, no sólo acompañaba el tiempo (parecía que medio Lisboa había salido a correr, pasear o montar en bicicleta, parecían hormigas sementeras). El recorrido de más de hora y media a orillas del río estuvo fenomenal, pudimos observar un mirador que permitía apreciar el estuario en toda su extensión, se apreciaba perfectamente todo el estuario, en el que se confunde lo que es río con lo que es mar). Pasamos por debajo del puente 25 de abril, el Museo de Arte Antiguo, el elevador de Bica para volver a cruzar la Praca de Comercio para subir al castillo.
En el
camino nos encontramos con la Iglesia de San Antonio, de estilo barroco,
iglesia construida sobre la casa en la que nació San Antonio (una cripta) y que
es monumento nacional. Curiosamente hace años visité en Padua el santuario en
el que está enterrado el santo (aprecio las diferencias entre la humildad portuguesa con la majestuosidad italiana).
Subimos al castillo de San Jorge, pero la
enorme cola que había para entrar nos hizo ver que no valía la pena esperar
tanto, así declinamos su entrada (como en otros lugares como el Coliseo o el
Louvre hace que tenga una deuda pendiente con todas estas ciudades, así tendré
que volver a todas ellas, aunque la excusa para volver a Lisboa sea únicamente visitar el castillo). Allí terminaba el gran paseo
que había comenzado en Belem.
Para terminar, fuimos al mirador de Santa Lucía,
donde se puede observar una vista fenomenal del Barrio de Alfama, con la
iglesia de San Esteban como punto importante. Se apreciaba como el carácter antiguo
del barrio chocaba con los modernísimos cruceros que estaban anclados en el río. Podemos decir que es un reflejo de Lisboa, donde se funde lo antiguo y lo moderno, aunque el pasado tiene mucha mayor relevancia.
Volvimos a pasar por el Praca de Mercado y nos fuimos a la Praca de Campo das Cebolas, volvimos a pasar por la Iglesia de Nuestra Señora da Conceicao Velha, de la que destaca su pórtico manuelino muy decorado, así como sus puertas, aunque el frontón desentona un poco (construido con posterioridad). Esta vez pasé al interior del que destacaba un techo de estuco muy llamativo.
Este fue un gran colofón al recorrido turístico,
sólo quedaba comer (francesinha), coger un taxi de regreso a Belem para
montarnos en el coche y volver de regreso. Todo sin ningún incidente.
En definitiva, estupendo viaje a Lisboa, a pesar
de las inclemencias meteorológicas del sábado. Todo estuvo muy bien a pesar de
la sensación personal de que a veces aburro o molesto (he empeorado mucho).
Lisboa, hasta pronto, volveré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario