miércoles, 1 de agosto de 2018

Vacaciones Cantabria, País Vasco y Burgos


VACACIONES CANTABRIA-PAÍS VASCO-BURGOS
DÍA 1: CÁCERES-SUANCES
Partimos temprano, sobre las 7:30 de la mañana para llegar a Suances a la hora de comer. Así lo hicimos, llegamos tras un viaje bastante cómodo (prácticamente todo por autovía), sin perdernos y encontrando en hotel a la primera (algo inusual), El Hotel Quintana 23 era pequeño, parecía una casa de dos plantas. En él nos recibió su propietaria, la señora Carmen, muy amable y atenta dándonos todo tipo de aclaraciones e informaciones. La habitación era pequeña pero disponía de una buena terraza que prácticamente no disfrutaríamos porque sólo íbamos a estar en el hotel por las noches.
Nos fuimos a comer a un establecimiento recomendado por la señora Carmen, Restaurante Amador, comimos bien, sobre todo los bocartes (especie de boquerones). Tras un breve descanso aprovechamos la tarde para conocer Suances, sobre todo sus playas, para llegar a ellas había que bajar muchos metros puesto que la localidad se sitúa en una zona elevada. Había dos opciones para hacerlo, una fácil pero más larga, otra más corta pero mucho más dura y empinada, nosotros (como era previsible) nos decantamos por la difícil, Senda Paisajística el Monte (el nombre hacía honor a lo que era). Llegamos a las playas, destacando la Playa de la Concha, pequeña pero con mucho oleaje, ideal para los surfistas. La recorrimos en su totalidad, metiendo los pies en las frías aguas del Cantábrico (yo fui mucho más valiente y me metí hasta las rodillas). Volvimos a subir para observar desde lo alto el Mirador de los Locos donde se podía divisar no sólo la Playa de los Locos sino también los espectaculares acantilados que tiene toda la zona. Tras un tiempo de relax, regresamos por el mismo sitio, por la Senda del Monte, que nos costó subirla pero valía la pena por las vistas que nos iba dejando.
Regresamos al hotel, descansamos y salimos a cenar por Suances, donde nos tomamos unas raciones en una terraza y nos fuimos a dormir porque al día siguiente comenzaba el periplo por Cantabria.



DÍA 2: SUANCES-TORRELAVEGA-COMILLAS-SAN VICENTE DE LA BARQUERA-SANTILLANA DEL MAR
El día comenzó mal, mi ipad se fastidió, así intentamos buscar un lugar donde arreglarlo, en Suances nada, en Santillana del Mar (que era lo siguiente más cerca) tampoco, sin embargo en Torrelavega si había un establecimiento y además la población nos cogía de camino. Tuvimos mucha suerte, nos atendieron muy bien diciéndonos que lo intentarían arreglar en un par de días.
De Torrelavega fuimos a la Cueva de Altamira, no tardamos apenas diez minutos, sin embargo fue bastante decepcionante todo el complejo, tuvimos que hacer mucha cola para sacar la entrada (costaba tres euros, aunque ninguno de los dos pagamos, yo por profesor), posteriormente se entra en la Neocueva, una réplica de la verdadera cueva, en la Neocueva no entraríamos hasta las 13:45, teniendo que esperar más de una hora, aprovechamos para dar un paseo por la zona, observar la entrada a la Cueva y visitar el Museo. La visita a la Neocueva duró aproximadamente cinco minutos, esperando algo más de su interior.
Al salir decidimos ir a Comillas a comer y dejar Santillana del Mar para el regreso. En Comillas buscamos por internet un restaurante con buenas referencias y lo encontramos pero estaba cerrado, sin embargo nos sentamos en una terraza donde degustamos un buen arroz negro. Tras la comida una visita rápida a Comillas, donde destacaron la Fuente de  los Tres Caños, el Palacio de Sobrellano, la Torre de la Vega y  sobre todo la casa El Capricho de Gaudí (aquí sólo pagué yo, 5 euros, risas).  Nos gustó mucho, contando con un guía que nos la explicó convenientemente, manteniendo el misterio, es una casa con muchas peculiaridades, construida  entre 1883 y 1885 por encargo de Máximo Quijano (de ahí que se conociera como La Villa Quijano), sobre todo destaca por su originalidad y soluciones ornamentales, además de estar rodeada de una zona ajardinada que hace aún más bello el recinto.
Con las buenas sensaciones de Comillas partimos hacia San Vicente de la Barquera, allí nos costó mucho aparcar, sin embargo vimos unos paisajes muy bonitos, mezclándose el mar y la tierra. Dimos un paseo, pasando por Castillo del Rey, Iglesia de Santa María de los Angeles y Torre del Preboste, desde donde se podía observar toda la  zona, destacando el puente de  la Maza.
De allí nos marchamos hacia Santillana del Mar, aunque en el trayecto nos fuimos por una carretera pegada a la costa, realizando una parada en la Playa de Oyambres, playa muy amplia que merece la pena, donde se mezcla el Mar Cantábrico  con los Picos de Europa.
Tras ese pequeño descanso, llegamos a Santillana de Mar (el pueblo de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar). También con dificultades para aparcar, de forma que tuvimos que dejarlo en un parking donde una señora nos cobró dos euros. Visitamos su casco antiguo, muy bonito con casas abalconadas, parecidos a los pueblos de La Vera, y algunos edificios llamativos como la Colegiata de Santillana del Mar, Plaza Mayor de Ramón y Pelayo, Museo y Fundacion Jesús Otero, Casa del Águila,…
De aquí marchamos hacia el hotel, sólo había 7 km de distancia entre Santillana y Suances, llegamos justo a la hora de cenar probando otra terraza de Suances, puesto que el tiempo era agradable para ello.









DÍA 3: CUEVA EL SOPLAO-MESÓN CELIS-LIÉRGANES-TORRELAVEGA
Lo único negativo del Quintana 23 era que el desayuno era demasiado tarde, de 9 a 11, eso hacía que las salidas no fuesen todo lo temprano que pudiéramos desear,
El día salió horrible, encapotado y con lluvias, por lo que decidimos ir a visitar la cueva puesto que así aunque lloviera no se notaría.
Llegamos a la Cueva del Soplao a las 10:45, habiá dos tipos de entradas, una visita guida (más fácil) y otra de turismo aventura (más difícil), por supuesto nosotros nos decantamos por la aventura, esta partía a las 11 en punto, así sin prácticamente tiempo para nada nos vistieron con impermeable blanco, botas catiuscas y casco mineropara comenzar una aventrua de casi tres horas. Valió mucho la pena, los guías, muy buenos, nos llevaron por un recorrido nada fácil para observar estalactitas, estalagmitas, columnas, excéntricas, banderas, explicaciones y algunas curiosidades, como quedarse un minuto en silencio y totalmente a oscuras. Actividad de la que salimos encantados por su carácter aventurero-didáctico-paisajístico. Como curiosidad, un chaval de mi pueblo me reconoció en plena cueva al cruzarnos con él (iba en otro grupo) a pesar de las pintas que llevaba.
Al salir era casi hora de comer, le preguntamos a los guías y nos comentaron que en Celis había un restaurante bastante bueno, La Portilla, nos dirigimos en medio de una fuerte lluvia y cuando llegamos, cerca de las tres de la tarde vimos que cerraba precisamente este día, de forma que nos tuvimos que ir al Mesón Celis que estaba al lado. En este Mesón fueron lentísimos, pero eso no fue lo peor, los primeros estuvieron bien, sin embargo en los segundos un entrecot pasado a la plancha con salsa picón, primero vino sin la salsa, se lo llevaron y no estaba pasado, se lo llevaron y volvió sin la salsa, todo un descontrol que terminó intentándonos regalar un café y que al final no nos cobró un menú.
La tarde mejoró algo, no llovía, pero amenazaba hacerlo. Así  que nos fuimos hacia Liérganes, parando en el Mirador del Collado, con unas vistas privilegiadas de las sierras litorales y el río Ansa.
Llegamos a Liérganes, donde dimos un buen paseo por el casco antiguo, donde se respiraba tranquilidad, destacando La fábrica de Cañones, el puente sobre el río Miera, las casas abalconadas con motivos florales como en Santillana y la estatua de bronce del Hombre Pez (la leyenda es curiosa: en 1674 Francisco desaparece en el río Miera para 5 años después aparecer enredado en unas redes de pesca en Cádiz, allí la única palabra que pronunció fue Liérganes, de forma que fue enviado hasta allí donde vivió con su familia hasta que en 1688, 9 años después, volvió a desaparecer para siempre en el río).
De aquí marchamos hacía el hotel, pasándonos antes por Torrelavega para recoger el ipad ya arreglado, buena atención de los chavales que lo hicieron. Ya que estábamos por allí, aprovechamos para recorrer un poco la ciudad, aunque es más centro económico que cultural, destaca la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción o el Parque Manuel Barquin en el centro de la ciudad.
Llegamos a Suances con un poco de cansancio acumulado, no solo por la Cueva sino también por las inclemencias meteorológicas, por ello fuimos a un supermercado, compramos unas viandas y cenamos en el hotel para poder descansar más puesto que al siguiente día nos esperaba un plato fuerte: los Picos de Europa.





DÍA 4: DESFILADERO DE LA HERMIDA-FUENTE DÉ-SANTO TORIBIO DE LÉBANA-POTES-SUANCES
Día nublado, como todos, pero mejor que el anterior, al menos no presagiaba lluvia. Salimos un poco tarde hacia los Picos de Europa, pero tampoco teníamos prisa. Conforme nos íbamos acercando a la Cordillera veíamos como el paisaje iba cambiando, cada vez más abrupto.
Al llegar al Desfiladero de la Hermida el paisaje se hace aún más espectacular si cabe, con paredes casi verticales que terminan en la carretera y al otro lado el lecho del río Deva. Observamos las grandes paredes de roca caliza que superan los 600 metros de altitud y sus 21 km hace que sea el más largo de España. El Desfiladero lo vemos estupendamente puesto que son multiples las paradas que tenemos por obras. Estas hacen que no lleguemos a Fuente Dé hasta las 12:30.
Fuente Dé es un lugar privilegiado para los senderistas, de aquí salen numerosas rutas para ir a toda la zona. Nosotros decidimos subir en el famoso teleférico (otra vez sólo yo pago sin descuento, risas). La cola para subir supera la hora, así  que decidimos comprar unos bocadillos en el restaurante y comerlos arriba. Hasta las 14 h. no subimos, el ascenso fue muy bonito y espectaculares las vistas durante el mismo, sin embargo al llegar arriba tuvimos muy mala suerte puesto que una niebla intensa impedía que se viese algo, fue una pena y como no había visos de mejora no estuvimos mucho tiempo, el justo para comernos los bocadillos, poco más. Con el sabor agridulce del teleférico nos fuimos hacia Potes, aunque en el trayecto nos detendríamos en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana.
El Monasterio es un lugar de obligado paso de peregrinos y ese hecho se deja notar en todo el conjunto, monasterio franciscano de estilo gótico, destacan las tres naves, la capilla, el claustro y la puerta principal, la del Perdón, que se abre cada año jubilar (cuando Santo Toribio -16 de abril- cae en domingo).
De aquí fuimos a Potes que está muy cerca, es la localidad más importante de la zona, capital de Liébana, a pesar de eso es un pueblo pequeño y acogedor en el que destaca su parte monumental, con edificios como la Iglesia de San Vicente, Torre del Infantado, barrio viejo,… además aprovechamos para dar un tranquila caminata por el paseo fluvial donde  destacan la confluencia de los ríos Deva y Quiviesa y los puentes: San Cayetano y de la Cárcel.
A pesar de ser media tarde decidimos regresar puesto que el trayecto de vuelta es peligroso y es mejor hacerlo con buena luz, volvemos a pasar por el desfiladero que no deja de impresionar. Llegamos a una hora prudente a Suances comparada con otros días, antes de las 20, por lo que decido aprovechar para salir a correr por la zona y así de paso ver zonas que de otra forma no vería.
Salí a hacer unos 8-10 km pero al final superaron los 13 km. Tras atravesar la población me dirigí hacía la costa, desde la Punta Ballota, continúe por una zona con hermosas vistas hasta llegar a la Playa de Sable, de ahí a la Playa de los Locos y otra vez a la Playa de la Concha para continuar por un sendero que discurre junto a la Ría de San Martín, una vía verde espectacular casi interminable que me hizo dudar en continuarla o darme la vuelta, al final terminé en un municipio cercano y por la carretera regresé a Suances. Antes de llegar, justo cerca de la oficina de turismo observo un mirador precioso que habrá que verlo de forma más detenida, no me entretengo puesto que está cayendo una fina lluvia que casi se agradece (casi). Merecida ducha y salimos a cenar para terminar otro día completito.





DÍA 5: SUANCES-MIRADOR DEL  RÍO-SANTANDER-NOJA-ISLA PLAYA
El día salió mejor que el anterior, día especial por el cumpleaños y parecía que el mejor regalo era el sol. Salimos sobre las 10 para visitar la capital y zonas de playas. Sin embargo lo primero que hicimos fue detenernos en el Mirador del Río que había visto en la carrera del día anterior. Las vistas no defraudaban, se podía apreciar no sólo toda la ría sino zonas más alejadas.
En Santander no tuvimos problemas para aparcar, lo hicimos en los aledaños del Estadio del Racing de Santander, El Sardinero, visitando la playa del mismo nombre pegado a él. Tras un breve paseo nos fuimos a La Magdalena, donde visitamos el Palacio (por fuera puesto que no se podía entrar), el Museo al aire libre del Hombre y el mar, así como algunas especies que hay en el recinto: pingüinos, morsas, focas, … Además, se estaba celebrando un campeonato de tiro con arco pero no nos quedamos a verlo, aunque sí nos dimos una vuelta.
De la capital nos fuimos a Noja, para celebrar el cumpleaños convenientemente, nos comimos en uno de los restaurantes recomendados en internet (Mijedo) una suculenta mariscada, sin duda de las mejores, por no decir la mejor que he comido. Tras esa comida, como el Restaurante estaba en la primera línea de playa, paseamos por la Playa de Trengandín, bastante extensa y muy bonita, aunque como acabamos de comer no nos metimos en el agua.
Desde allí nos fuimos hacia Isla Playa, tuvimos que dejar el coche en una zona azul, visitamos la Playa de Ris, estando poco tiempo puesto que la vimos muy masificada. Por tanto nos fuimos a otra de las playas de las que teníamos referencia, la Playa de la Arena, bastante cerca pero sin embargo más acogedora que la del Ris. En esta playa nos quedamos bastante tiempo, tiempo para darme un chapuzón, por fin, en el Mar Cantábrico. Tras el baño regreso a Suances  y a cenar por Suances, ya que era la última noche ahí.




DÍA 6: SUANCES-SANTOÑA-LAREDO-CASTRO URDIALES-AMOREBIETA/ETXANO
Nos despedimos de Suances, del Quintana 23 y de la señora Carmen con la sensación que ha sido uno de los sitios donde mejor nos han tratado.
Llegamos a Santoña a las 11 más o menos, villa marinera, famosa por las anchoas, anduvimos por el paseo marítimo hasta que decidimos realizar el crucero Santoña-Laredo-Faro del Caballo, de esa forma aprovechábamos para ver Laredo sin necesidad de mover el coche. Nos montamos en el barco camino de Laredo, con un guía muy ameno que nos entretuvo durante todo el trayecto con la historia de la zona, contándonos que Laredo había sido la población más importante de Cantabria y que la bahía de Santoña, ubicada entre Santoña y Laredo constituye uno de los estuarios más importantes de la región, formado por la desembocadura del río Asón.
Arribamos en Laredo con poco tiempo para poder visitarlo, así sin perder un minuto pasamos por el paseo marítimo, la playa de la salvé y nos adentramos en el casco histórico donde pudimos ver la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, o edificios históricos como el ayuntamiento o la casa donde habitaron Isabel la Católica y Carlos V, pero sin duda destaca la fortaleza defensiva, la atalaya, y dentro de ella el Túnel de la Atalaya, túnel de unos 220 m. que va a dar al Mirador del Abra desde donde pudimos contemplar gran parte del bonito litoral de Laredo, así como algunas pequeñas playas.
Tras esta visita relámpago volvimos al barco para proseguir el viaje, primero hacia los acantilados y luego de regreso a Santoña. Según el guía, ya no era el mismo, la vista de los acantilados es el lugar más bonito de Cantabria desde el mar y la verdad es que no podíamos estar en desacuerdo, se mezclaban el color del agua con el de las rocas dando unos efectos muy bonitos, además se podían observar tanto el Faro del Caballo, al que se llega a pie, siguiendo una ruta (Ruta de los acantilados), y los fuertes que protegen la ciudad (San Carlos y San Martín), así como la Virgen del Puerto que está representada a la entrada del mismo dándonos la bienvenida.
De regreso a Santoña, comimos y visitamos la población, sobre todo la zona del puerto puesto la población es un importante núcleo pesquero, así paseamos por el mismo, observando la bahía, la playa de San Martín, el monumento al almirante Carrero Blanco o la iglesia Santa María del Puerto como lo más llamativo.
Por la tarde continuamos nuestro camino deteniéndonos en Castro Urdiales, tuvimos bastantes dificultades para aparcar, pero una vez conseguido nos fuimos a visitar la ciudad, que también mira al mar y por eso la mayoría de los edificios importantes estaban en la zona portuaria o aledaños. Lo primero que visitamos fueron unas ruinas romanas que constatan el pasado romano de la zona, aunque ni se pueden acercar a lo que tenemos en Extremadura. En la zona monumental destaca la iglesia de Santa María, la mejor obra gótica de Cantabria (construida entre los siglos XIII y XV), el castillo-faro que se ubica junto a ella y el bello puente medieval y la ermita de Santa Ana. El conjunto constituye la imagen más representativa y hermosa de la localidad. Esta ermita en lo alto de una Peña es bastante pequeña pero muy curiosa, hay que subir a pie por unas escaleras pero lo que más destacan son las vistas que se tienen desde allí. La sensación fue que se nos había hecho corta la estancia en la ciudad y reconociendo que es uno de los lugares más bonitos en el que por ahora habíamos estado.
Abandonamos Castro Urdiales y con ello Cantabria para comenzar una nueva etapa, el País Vasco. Habíamos reservado un hotel a última hora en un lugar bastante bueno en cuanto a la localización puesto que estaba entre Bilbao y San Sebastián, concretamente en Amorebieta-Etxano. El Euba Hotel era un hotel de carretera, sin prácticamente nada alrededor, parece tranquilo, relativamente nuevo y con personal agradable.







DÍA 7: COSTA GUIPUZCOANA-SAN SEBASTIÁN-LASARTE
Primer día en el País Vasco y primer día con un sol espléndido que incluso  atisbaba calor. El destino del día era Donosti puesto que la ciudad lo merecía. Salimos, como siempre, sin prisas y decidimos ir hacia la capital guipuzcoana por la nacional en lugar que por la autopista, se tardaba mucho más pero valió la pena, la carretera discurría paralela a la costa donde vislumbramos preciosos paisajes costeros, parándonos en varias ocasiones para echar algunas fotos, por ejemplo en Deba, Zamudio o Zarautz (nos llamó la atención una roca con forma de elefante, espectacular).
Llegamos a Donosti, nos costó mucho aparcar y una vez conseguido nos fuimos hacia la Playa de la Concha, muy bonita pero abarrotada de gente, además las típicas casetas blanquiazules evitaban que se apreciase con naturalidad. Anduvimos por el paseo marítimo hasta las esculturas de Chillida de El Peine de los Vientos, posteriormente nos fuimos a comer, después de un rato al final encontramos un restaurante bastante bueno en el que degustamos un buen pastel de merluza entre otras cosas.
Tras comer tomamos el funicular que sube al Monte Igueldo, desde lo alto se podía apreciar la ciudad, la playa de la Concha y alrededores (hay que reconocer que hay pocos paisajes como este, siendo una de las mejores vistas de una ciudad que haya visto nunca y que sin duda se quedan en la retina para siempre). Tras dar una vuelta por el Monte, que es como un pequeño parque de atracciones tomamos el funicular para bajar, decidimos hacer una cosa inusual y que era una asignatura pendiente: ver carreras de caballos. Aprovechando que era domingo y que en Lasarte (al lado de San Sebastián) había carreras para allí que nos fuimos.
Llegamos al hipódromo de Lasarte sin problemas, aunque un poco tarde (de las cinco carreras ya se había disputado una y la segunda la vimos nada más entrar). Para la tercera carrera pudimos apostar, lo hicimos por el número 3: Iván el terrible (ganó y ganamos casi 9 euros por dos jugados). En la cuarta carrera volvimos a ganar, apostando por el número 8: Argaly (dos de dos). Sin embargo en la quinta y última carrera no tuvimos tanta suerte, así nuestros caballos quedaron tercero y cuarto. A pesar de ello, nos fuimos con un buen sabor de boca por disfrutar de un gran espectáculo como son las carreras de caballos, además de apreciar el gran ambiente que se respira.
El regreso lo volvimos hacer por la Nacional 634, viaje que sería aún más bonito que en la ida puesto que la puesta de sol nos proporcionaba unos paisajes hermosísimos que hizo que nos detuviésemos en varias ocasiones para poder disfrutarlos.
Casi de noche paramos en Ermua, pueblo que estaba en fiestas y donde había mucho ambiente, estuvimos poco rato puesto que queríamos pasar por Durango, así lo hicimos buscando un lugar para cenar, pero después de dar unas vueltas sin encontrar nada optamos por regresar al hotel y cenar en él, había que ahorrar fuerzas porque al día siguiente había otro plato fuerte: Bilbao.







 DÍA 8: BILBAO
En el hotel nos informaron que la mejor forma de ir a Bilbao era en tren, además teníamos una parada de ferrocarril justo enfrente. Así. Tomamos el tren a las 10:48 con dirección a Bilbao, llegando en 45 minutos a la estación que estaba junto al casco viejo. El día salió bastante bueno, incluso con bastante calor.
La idea era ir al Guggenheim lo antes posible, por eso una vez ubicados anduvimos por la orilla de la ría, bonito recorrido donde vimos el Ayuntamiento, el puente Zurribarri y el puente de la Salve para llegar al museo. El exterior del mismo también es llamativo y parece invitarte a que entres, destacan obras como el anillo, la araña, el gato, gallo,…
Las entradas para el Guggenheim las sacamos sin hacer cola al ser un lunes (también con descuentos). El interior del museo no nos defraudó. Las cerca de tres horas que estuvimos visitándolo para nada se hicieron largas. Presidía el interior una enorme escultura hinchable de ganchillo de Joana Vasconcelos, además la exposición de la artista lusa nos gustó mucho con obras con objetos cotidianos como cacerolas, utensilios de plásticos, espejos, … también busca la interacción del espectador con el artista, así como continuas referencias a su país, gallo de Barcelos, artesanía o los fados.
Otra de las obras fascinantes era la materia del tiempo de Richard Serrá. La materia del tiempo es una instalación de siete esculturas monumentales realizadas en acero. La idea es pasear a través de ellas y del espacio que las rodea. La distribución de las obras a lo largo de la galería crea pasillos de diferentes proporciones (anchos, estrechos, alargados, comprimidos, altos, bajos) y siempre imprevistos. En la instalación también hay una progresión del tiempo. Por un lado, el tiempo cronológico que se tarda en recorrerla y observarla de inicio a fin; por otro, el tiempo de la experiencia en el que los fragmentos del recuerdo visual y físico permanecen, se combinan y se reexperimentan.
La tercera gran obra fue la exposición de Marc Chagall, de los años decisivos, de 1911-1919, además de ver los llamativos cuadros del artista había muchas más obras y salas del museo que visitamos.
De ahí nos fuimos a comer (no pasó como en Donosti y encontramos sitio rápido), después anduvimos por el Parque de Obando junto a la ría, parque que cuenta con múltiples paneles y esculturas. Tras hacer un descanso en un centro comercial donde algo compramos continuamos nuestro periplo para ver el casco viejo. En el recorrido hacia él pasamos por la Plaza de Euskadi, la Plaza Mayor, el Teatro Arriaga o el edificio de la bolsa.
El casco viejo cuenta con calles peatonales y algunos edificios importantes como la Catedral de Santiago o la Plaza Nueva, pero no tenía mucho más, ya en las afueras estaba la Iglesia de San Antón. Reconocimos que esperábamos bastante más de este conjunto histórico, por ello y como era tarde volvimos en el tren a Amorebieta-Etxano para cenar en el hotel con lo que compramos por Bilbao.





DÍA 9: SAN JUAN DE GAZTELAGATXE-BERMEO-GUERNICA-PLENTZIA-GETXO
Hoy se presagiaba un día duro porque había que ver muchos sitios, tocaba la costa vizcaína. Salimos más temprano de lo normal para intentar ver todo lo previsto, el tiempo era agradable, mucho mejor que el calor que tuvimos el día anterior en Bilbao.
El primer destino sería San Juan de Gaztelagatxe, al que en teoría se llegaba en unos 40 minutos pero tardamos una hora puesto nos metimos por un camino o más bien sendero durante varios kms, menos mal que no nos encontramos un coche de frente porque no pasábamos, con esa tensión llegamos a la localidad de Bakio, haciendo una parada técnica, para continuar ya sin dificultades hasta San Juan. Llegamos a los aparcamientos, entramos y comenzamos un recorrido por un sendero que nos llevaría a la ermita, un recorrido de unos 35 minutos de subidas, bajadas, con gran desnivel, unido a los 240 escalones que culminan en la ermita. Allí, como es preceptivo tocamos la campana tres veces, descanso, tentempié, fotos y regreso que contó con varias paradas. Un lugar precioso, uno de los más bonitos vistos hasta ahora.
De allí nos fuimos a Bermeo, que estaba muy cerca, ciudad importante de la costa vizcaína que había llegado a ser capital de la región. Ese aspecto se deja notar en la parte monumental y su puerto viejo (se trata de una zona rodeada de coloridas y estrechas casas que vigilan los barcos en el agua) en él también hay esculturas como Olauta o una fuente curiosa, también destacan la atalaya, la plaza mayor (Sabino Arana), el ayuntamiento con su llamativo reloj solar o la iglesia de Santa María.
En Bermeo aprovechamos para comer y marchar primero hacia Mundaka, donde hicimos una brevísima parada para ver las playas que son codiciadas por los surfistas de todo el mundo, continuando nuestro recorrido hasta Guernica, famosa ciudad que sufrió el bombardeo del 26 de abril del 37. Destacamos varios monumentos, sobre todo la Casa de Juntas y el árbol de Guernica (el original o lo que queda de él y el nuevo). También visitamos el parque de los pueblos europeos con esculturas de H. Moore y Chillida, el mural del Guernica y por último visitamos uno de los refugios antiaéreos que existieron, estaba bien conservado e impactaba muchísimo.
Con las buenas sensaciones de Guernica, a pesar del refugio, nos dirigimos hacia Plentzia, una de las playas con más fama, bonita, con algo de oleaje y no muy masificada. Descansamos, nos metimos en el Cantábrico, buen baño e incluso aproveché para dar una pequeña carrerilla de 10 minutos por la playa.
Tras despedirnos del mar Cantábrico nos fuimos a Getxo, última parada del día para ver las buenas playas que tenía la localidad como eran las ple Ereaga o Arrigunaga, anduvimos por el paseo marítimo, aunque lo que más destacaba  era el puente colgante de Getxo que es Patrimonio de la Humanidad, que une el barrio de las Arenas y Portugalete, atravesando el río Nervión.
Después fuimos a cenar a un restaurante en el que estaban  actores y actrices cenando porque estaban grabando una película, entre ellos Maribel Verdú (a la que no vimos). Tras los pinchos de la cena marchamos hacia el hotel, finalizando un intenso día por la cantidad de sitios y lugares visitados.














DÍA 10: URKIOLA-VITORIA-BURGOS
Nos levantamos temprano para desayunar y volver a hacer las maletas para la última parada: Burgos. Dejamos el Euba hotel con buenas sensaciones, sobre todo por el trato dispensado.
El destino era Vitoria, pero en el trayecto había una parada obligada en el monte Urkiola, donde se encuentra el Mirador de las tres cruces que nos proporcionó unas vistas estupendas.
Tras la breve parada en poco tiempo llegamos a Vitoria, sin dificultades para aparcar. En la capital vasca nos adentramos en la zona monumental, destacando numerosos edificios como la Catedral, la plaza de la Virgen Blanca, Palacio de Villa Suso o las murallas. Comimos bastante bien en el Restaurante el 7, en pocos establecimientos se trabaja con la diligencia y rapidez  que este. Al salir llovía copiosamente, así decidimos marchar hacia Burgos con la sensación que quedaba mucho por ver de Vitoria.
A media tarde llegamos a Burgos, que parecía que nos estaba esperando puesto que la lluvia de Vitoria se transformó en una tarde buenísima en Burgos. Nos hospedamos en el Hotel Alsanz Cardeña, bien comunicado, a diez minutos del centro. La tarde la aprovechamos para ver la zona monumental, primero el puente sobre el río Arlanzón que da a una escultura del Cid, luego fuimos a la famosa Catedral gótica, que impresiona, tras ella visitamos el Castillo de Burgos y numerosos edificios, puertas, iglesias y palacios que íbamos encontrando por el recorrido. Cenamos por allí, entre otras cosas unas típicas morcillas de Burgos y regresamos al hotel por el paseo fluvial con algo de fresco.











DÍA 11: BURGOS-RÍO SHOPPING-CÁCERES
El cansancio se dejaba notar, muchos días intensos hicieron que este último lo tomásemos de manera más calmada.
Abandonamos el Hotel del que no tenemos queja alguna, tratándonos muy amablemente, dejamos las maletas en el coche y nos dispusimos a ver lo que nos quedaba de Burgos.
Entramos en el Museo de la Evolución Humana (gratis por los descuentos), cuenta con cuatro plantas basado no sólo en la evolución y en Atapuerca, aunque el museo es mucho más. Estuvimos más de la cuenta porque nos gustó mucho. Tras él, paseamos por el Parque de la Isla con obras de arte y numerosas especies vegetales, para visitar por último algunos monumentos que no vimos el día anterior como la Puerta de Santa María.
Decidimos ir a comer a Valladolid, así el viaje no se hacía tan largo, paramos en Arroyo de la Encomienda, al lado de Valladolid, en el centro comercial Río Shopping, que está en la curiosa Calle me falta un tornillo, donde comimos y realizamos algunas compras. Tras ellas, regresamos a Cáceres llegando por la noche justo para cenar.






Fin de las vacaciones intensas, bonitas e irrepetibles.


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